Texto: El Buen Dios de Chemillé

Alphonse Daudet


Cuento


0


Twitter Facebook Google+


No hay más información sobre el texto 'El Buen Dios de Chemillé'.


Extracto de El Buen Dios de Chemillé

De vez en cuando, los campesinos pasaban a su lado y se echaban un poquito a la orilla para dejar sitio al Buen Dios, con ese toque de sombrero característico de los campesinos de Turena; la mirada maliciosa y el saludo respetuoso, mirada que parece burlarse del gesto. A cada uno de ellos el señor párroco le devolvía el saludo en nombre del Buen Dios, de forma muy educada, pero sin saber muy bien lo que hacía porque, sin duda, empezaba a poderle el sueño.

El tiempo era caluroso, la senda blanca. Al pie del cerro, detrás de los álamos, las pequeñas olas de Loira parecían escamas de plata deslumbrantes. Toda aquella luz repartida, el zumbido de las abejas que levantaban el polen de las flores junto al camino, el canto de los zorzales en las viñas, un canto feliz de pequeño animal goloso y saciado, acababa por adormecer al cura, ya bastante aturdido por un buen almuerzo de vino blanco y estofado de cerdo.

He aquí que, pasado Villandry, allí donde la roca se hace más alta y la cuesta más estrecha, el párroco de Chemillé fue sacado bruscamente de su sueño por los ¡Dia! ¡Hue! de un carretero que venía hacia él, con un gran carro de heno que se balanceaba a cada vuelta de rueda. El momento era crítico. Aunque se apretaran lo más posible contra las rocas, no había sitio para los dos en el camino… ¿Regresar hasta la carretera? El párroco no podía hacerlo, pues había tomado aquel sendero para llegar más rápido sabiendo que su enfermo estaba muy grave. Eso fue lo que intentó explicarle al carretero; pero el patán no quería comprender.


Leer eBook

Descargar eBook ePub


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


Se incorporó a textos.info el 14 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
Título visto 1 vez.
3 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 minutos.