Texto: Los Dioses tienen Sed

Anatole France


Novela


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Extracto de Los Dioses tienen Sed

Lo miró con franqueza y con ternura; le cogió una mano, lo hizo sentar, y le habló muy comedida, con cierta inquietud:

—Os estimo demasiado, Évariste, para consentir que ignoréis mi vida. Me considero digna de vuestro amor y obligada por lo tanto a mostrarme sincera. Oídme y juzgad. No tengo que reprocharme ninguna vileza; nunca realicé acciones ruines, ni siquiera interesadas; sólo fui débil y crédula… Recordad las difíciles circunstancias en que me colocaron; ya lo sabéis; desde niña me faltó la sombra de mi madre. Mi padre, muy joven aún, se preocupaba mucho de sus goces y muy poco de mí. Yo era sensible… La naturaleza me había dado un corazón rebosante de ternura, un alma generosa, y aun cuando no me negó un juicio sereno y sano, el sentimiento pudo más que la razón. ¡Ay! A pesar de mi experiencia, si ahora lucharan de nuevo, también la vencería; pero no luchan ya, porque unidos razón y sentimiento me consagran a vos para siempre.

Había preparado sus frases y se había decidido a confesarse de aquel modo porque no le gustaba fingir y porque imitaba la sinceridad de Jean-Jacques Rousseau, y porque se decía prudentemente: «Al fin lo sabrá; es imposible asegurar el secreto, y lo que descubierto por causualidad nos deshonra, confesado nos enaltece». Como era sentimental y dócil a la naturaleza, ni pudo sentirse muy culpable ni su confesión fue muy dolorosa; sólo se proponía decir lo necesario para sus propósitos.


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Se incorporó a textos.info el 26 de mayo de 2017 por Edu Robsy.
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213 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 horas, 13 minutos.