Texto: La Pena

Antón Chéjov


Cuento


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Extracto de La Pena

Y el tornero sigue murmurando sin parar. Lo hace maquinalmente, para ahogar, siquiera en parte, el penoso sentimiento que lo embarga. Tiene muchas palabras en la lengua, pero más numerosas son las ideas y las preguntas que anidan en su cabeza. La desgracia lo sorprendió de golpe, inesperadamente, y el tornero se siente incapaz de volver en sí y comprenderlo todo bien. Hasta el momento vivía sin preocupaciones, en un continuo y parejo estado de ebriedad semiinconsciente, sin sentir penas ni alegrías, y ahora, de repente, su alma está oprimida por un dolor intenso. El despreocupado haragán y borrachín vino a parar, de buenas a primeras, a la situación de un hombre atareado, preocupado, apresurado y, para colmo, en plena lucha contra la naturaleza.

El tornero recuerda que su pena comenzó en la víspera. Cuando en la noche anterior regresó a su casa borracho como siempre y según la antigua costumbre comenzó a maldecir y a agitar los puños, la vieja miró al pendenciero como no lo había mirado nunca. Comúnmente, la expresión de sus ojos avejentados era resignada y sufriente, como la de los perros que reciben muchos palos y poca comida, pero ahora su mirada estaba inmóvil y severa, como la de los santos en los iconos o la de los moribundos. Fue en esos ojos, malos y extraños, donde dio comienzo la pena. El aturdido tornero pidió prestado al vecino un jamelgo y ahora lleva a su vieja al hospital con la esperanza de que Pavel Ivanich, mediante polvos y ungüentos, le devuelva a la mujer su antigua mirada.


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Se incorporó a textos.info el 7 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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6 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 11 minutos.