Texto: El Doctor Centeno

Benito Pérez Galdós


Novela


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Extracto de El Doctor Centeno

Tal estado de misantropía se iba desvaneciendo lentamente, y el personaje, cual pieza forjada que se enfría y recobra su temple y dureza, volvía a sa carácter normal; pacífico y tierno con la familia, afable y cariñoso con todos menos con los alumnos.

Cuando don Pedro se iba a dar la famosa vuelta, doña Claudia, que cenaba sola y más tarde que su hijo, se comía el salpicón o la ensalada, con el cortadillo de vino, y luego se daba a la endiablada tarea de combinar sus números, y recorrer las listas pasadas para hacer un cálculo de probabilidades que no entenderían los matemáticos de más tino. El sueño la cogía de súbito en estos afanes y se dormía sobre sus laureles aritméticos. Después de dar mil cabezadas se iba a acostar, arrastrándose, y poco después sus ronquidos daban fe de la tranquilidad de su conciencia.

Marcelina y Felipe se quedaban en vela esperando a don Pedro, junto a la lámpara del comedor, ella cosiendo o haciendo crochet, él estudiando las lecciones del día siguiente. Muy a menudo el Doctor inclinaba la cabeza sobre la Gramática y se quedaba dormido, como esos Niños Jesús a quienes pintan durmiendo sobre el libro de los Evangelios. La fea de las feas tenía la bondad de respetar a veces aquel descanso, y no lo interrumpía en media hora. Cuando el chico estaba despierto, la señora lo sermoneaba, echándole en cara su poco amor al estudio, sus descuidos en el servicio, y principalmente su pícara afición a vagabundear por las calles y a detenerse las horas muertas siempre que iba a algún recado. Bien conocía Centeno la justicia de estas observaciones; pero en cuanto a su gusto de callejear, se sentía cobarde para condenarlo, porque la amistad de Juanito del Socorro, que le contaba cosas tan interesantes de política y revoluciones, era el único bálsamo de su vida miserable.


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Se incorporó a textos.info el 9 de octubre de 2016 por Edu Robsy.
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364 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 10 horas, 37 minutos.