Texto: La Historia de los Duendes que Secuestraron a un Enterrador

Charles Dickens


Cuento


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Extracto de La Historia de los Duendes que Secuestraron a un Enterrador

Valiente acomodo para cualquiera,
valiente acomodo para cualquiera,
unos pies de tierra fría cuando la vida ha terminado,
una piedra en la cabeza, una piedra en los pies,
una comida rica y jugosa para los gusanos,
la hierba sobre la cabeza, y la tierra húmeda alrededor,
¡valiente acomodo para cualquiera,
aquí en el camposanto!

—¡Ja, ja! —echó a reír Gabriel Grub sentándose en una lápida que era su lugar de descanso favorito; fue a buscar entonces su botella—. ¡Un ataúd en Navidad! ¡Una caja de Navidad! ¡Ja, ja, ja!

—¡Ja, ja, ja! —repitió una voz que sonó muy cerca detrás de él.

En el momento en el que iba a llevarse la botella

a los labios, Gabriel se detuvo algo alarmado y miró a su alrededor. El fondo de la tumba más vieja que estaba a su lado no se encontraba más quieto e inmóvil que el cementerio bajo la luz pálida de la luna. La fría escarcha brillaba sobre las tumbas lanzando destellos como filas de gemas entre las tallas de piedra dula vieja iglesia. La nieve yacía dura y crujiente sobre el suelo, y se extendía sobre los montículos apretados de tierra como una cubierta blanca y lisa que daba la impresión de que los cadáveres yacieran allí ocultos sólo por las sábanas en las que los habían enrollado. Ni el más débil crujido interrumpía la tranquilidad profunda de aquel escenario solemne. Tan frío y quieto estaba todo que el sonido mismo parecía congelado.


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Se incorporó a textos.info el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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13 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 23 minutos.