El Ladrón

Jordi Cabré Carbó


Cuento



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Del libro "JULIA Y OTROS CUENTOS"  DE 18 INTRIGAS Y SUSPENSES CON FINALES SORPRENDENTES TODOS ELLOS SIN EXCEPCION, QUE LES DEJARAN SATISFECHO AL IGUAL QUE MI LADRÓN.


Con diez años, cometió su primer robo en una granja que había de camino al colegio. Fue un acto instintivo, sin haberlo planeado de antemano. El hurto fue una bolsa de regaliz negro. Aunque nada más  salir a la calle se arrepintió de cogerla, después de un rato de pensar en ello, mientras saboreaba la deliciosa goma, no le pareció un hecho tan grave y sí emocionante. Esa mañana, acudió a su mente después de entrar a robar en una casa. Para ser exactos, recordó ese primer robo y un sin fin de robos más. Como si su vida que estaba plagada de ellos, le pasara rápidamente por delante sin parar, hasta quedar en un estado catatónico  sin poder apartar la mirada de lo que acababa de descubrir. La agradable sensación que la subida de adrenalina le producía siempre que robaba, había desaparecido totalmente. En su lugar, su estómago, y todo lo que había en él, le subió por la garganta y empezó a devolver todo el desayuno de aquella  mañana. Su cuerpo y sobre todo sus piernas empapadas en sangre dejaron de responderle y junto al fuerte mareo que le sobrevino, se tuvo que sentar. Lo hizo en un elegante sillón de piel, sin poder apartar sus ojos de aquel cadáver.

 Estaba más que claro que aquella persona estaba muerta. Aunque estaba boca abajo y parte del cuerpo estaba cubierto por una cortina, la abundante sangre que rodeaba al cuerpo y que hizo que resbalara cayendo sobre él, no dejaba lugar a dudas. Entonces, el miedo apareció y se apoderó del ladrón.

Pensó que no podía irse y dejar las cosas como estaban y olvidarse de todo como si nada. Había vomitado encima del cadáver y sobre la sangre, además de pisarla y dejar las huellas de todo su cuerpo en ella. Si no ponía remedio al desaguisado, le cogerían. Aunque llevaba guantes como siempre, estaba seguro que su ADN, estaba alrededor y encima del fallecido.

Después de observar con detenimiento el cadáver, con la cortina encima  y parte de ella debajo, ver la mesa de cristal rota por una esquina y parte de esta incrustada en un lado de la cabeza del cadáver, no había que ser muy listo para llegar a la conclusión, que se trataba de un accidente.

El muerto, sin duda, debía de ser el dueño. Lo había investigado un poco al escoger su casa para sus propósitos y sabía que vivía solo después de haber enviudado recientemente. También lo había estado siguiendo, averiguando que a esa hora debería estar en su despacho, que se encontraba en la otra punta de la ciudad.

El hombre, seguramente había resbalado sobre el pavimento excesivamente encerado, como pudo comprobar nada más colarse por la ventana que había escogido para entrar. Al perder el equilibrio el desafortunado dueño, había intentado agarrarse a las cortinas que cedieron por su peso y le hicieron ladearse al caer, con la mala fortuna, que su cabeza topó con la esquina de la mesa de cristal.

No le quedaban dudas de que así ocurrieron los hechos. Pero la policía no lo vería del mismo modo, al comprobar que alguien más, había estado con él.

Con muchos nervios entonces, empezó analizar detenidamente sus posibilidades para hacer desaparecer sus huellas. Pasados unos largos minutos no encontró ninguna respuesta.

Estaba a punto de desesperarse del todo, cuando de repente encontró la solución, justo delante de él y en el mismo suelo junto a los pies del cadáver. La caja de puros que recogió y que descasaba sobre sus rodillas, que debía estar sobre la mesa de cristal, le devolvió lentamente la cordura que estaba perdiendo por momentos. Una sonrisa pícara apareció en sus labios, al ver que acababa de encontrar la manera perfecta de hacer desaparecer su presencia en la casa. Extrajo un puro de su interior y pensó al verlo que al añadir ese elemento al accidente, haría que la policía y los bomberos dedujeran que el habano que estaba fumando el propietario, al entrar en contacto con las cortinas, había originado el incendio. Aquello era genial pensó, mientras se frotaba las manos reconfortado y sin ningún temor.

Como no podía salir manchado de sangre de la casa, se sacó toda la ropa hasta quedar completamente desnudo y se encamino al dormitorio principal. Después de escoger una ropa de sport y unas bambas para pasar lo más desapercibido posible cuando saliera del recinto de la casa, se dirigió de nuevo al salón. Cogió su ropa, sus zapatos y sus guantes manchados de sangre y los introdujo en una bolsa de deporte que había cogido del mismo dormitorio, haciendo desaparecer así todas sus pertenencias. A continuación cogió de un estante una botella de wisky y roció bien la mitad de su contenido sobre el cuerpo y su entorno, hizo lo mismo con una de vodka y ginebra, dejándolas de nuevo en su lugar. Comprobó atento la escena, sin precipitarse durante un largo instante. No quería dejarse ningún detalle que pudiera entorpecer su idea. Tenía el cigarro en el bolsillo junto a un mechero y en sus manos lucía ahora unos nuevos guantes de lana, que el malogrado propietario ya no podría ponerse. Después de observar con atención que no se le pasaba ningún detalle por alto, se sacó uno de los guantes para poder hacer mejor las dos últimas cosas que le quedaban, antes de irse.

Mientras se vestía en el dormitorio, decidió no llevarse nada de valor de la casa y salir de allí cuanto antes, después de prender fuego. Algún familiar o la mujer de la limpieza, que había averiguado iba dos veces entre semana, podrían echar a faltar lo que pudiera llevarse. Pero nunca encontrarían a faltar el dinero que llevaba en la cartera si dejaba algo en su interior. Así no se iría con las manos vacías, pensó.

El día que lo siguió hasta su trabajo pudo comprobar lo bien abultada que la llevaba, al pagar el desayuno que había hecho en un elegante bar cercano a su despacho.  Con mucho cuidado de no pisar la sangre, rodeó el cadáver por primera vez, colocándose frente al muerto. Desde donde se encontraba ahora, podía ver perfectamente que se trataba de un trozo de la esquina gruesa de cristal, la que tenía incrustada justo en la sien y que le había producido la muerte. Seguramente había muerto en el acto, pensó mientras inclinándose alargó la mano buscándole la cartera del interior de su chaqueta, que encontró a la primera. La sorpresa que tuvo, primero al ver la cartera tan poco abultada y al “déjà vu” que le vino a continuación, le produjeron una sensación increíble e imposible de explicar. Podría decirse que fue transportado por unos interminables segundos a otra dimensión.

Bajo los efectos de esa sensación irreal, abrió la cartera. Lo que vio a continuación hizo que le diera un vuelco tan fuerte al corazón, que le pareció que estaba por salírsele por la boca. No podía creer lo que estaba viendo en la temblorosa cartera que apenas podían sujetar sus manos, al ver la foto de su novia en el interior. ¿Cómo podía ser posible que aquel tipo tuviera la foto de su amor y además la misma foto que llevaba el en su propia cartera? Con la sensación más fuerte aún que la de un principio había sentido, giró la cabeza del desafortunado y pudo ver que sus terroríficas sospechas eran ciertas. Delante de él, como si estuviera frente a un espejo, estaba su cara ensangrentada. Acto seguido, una oscuridad total lo invadió todo. Recordó entonces perplejo, cómo había resbalado sobre el pavimento encerrado, e intentó agarrarse a las cortinas sin éxito para no caer. Mientras recordaba aquello, una fuerte luz apareció de repente en la completa oscuridad, mostrándole al final del túnel, el camino a seguir.

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A CONTINUACION LES DEJO LOS TITULOS DE LOS 17 NOVELAS CORTAS DE JULIA Y OTROS CUENTOS

Capítulo 1 Julia: El encuentro                                  

Capítulo 2 Julia: La cita 

Capítulo 3 Julia: El sueño 

Capítulo 4 Julia: El homicidio

Capítulo 5 Julia: La investigación

Capítulo 6 Julia: El desenlace 

El Ladrón

Dulce juventud 

Un mundo mejor 

Un lugar para morir 

El Poder 

El descubrimiento 

El salto 

Daniel Expósito 

El extranjero 

Estación Marte 

Las Sorpresas 

Un abogado con futuro

El Terrorista 

El anillo de compromiso 

Un ejército indestructible 

Las mujeres a la guerra 

El Sueño 

Capítulo 1: Los preparativos

Capítulo 2: El Viaje 

Capítulo 3: El Sueño 

Capítulo 4: La reflexión 


Publicado el 7 de mayo de 2016 por Jordi Cabré Carbó.
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