Texto: Cuentos de Canterbury

Geoffrey Chaucer


Cuento


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Extracto de Cuentos de Canterbury

Aunque el aprendiz sepa tocar el violín y la guitarra, sus juer­gas y juego los paga el robo. Pues, como podéis ver, la hon­radez y la buena vida siempre andan disociados, cuando se trata de gente pobre.

Aunque le regañaban noche y día y algunas veces era lleva­do a bombo y platillo a la cárcel de Newgate, el alegre apren­diz permaneció con su dueño, hasta que casi terminó su aprendizaje. Pero un día, el dueño, revisando su contrato de aprendizaje, se acordó del proverbio que reza: «Más vale arrojar la manzana podrida que dejarla que pudra a las de­más.» Lo mismo ocurre con el criado protestón: es mejor de­jarle marchar que permitirle que estropee a los demás criados de la casa. De modo que el dueño le dejó libre y le ordenó que se marchara, con maldiciones sobre su cabeza. Así fue cómo el alegre aprendiz consiguió su libertad. Ahora podría hacer jarana toda la noche, si así le apetecía. Pero, como sea que no hay ladrón que no tenga un compinche que le empu­je a saquear y estafar al que ha robado o estrujado, Perkin in­mediatamente envió su cama y el resto de su ajuar a casa de un compañero inseparable que era tan aficionado a los da­dos, al jolgorio y a la disipación como él. La esposa de este amigo inseparable tenía una tienda para cubrir las aparien­cias, pero se ganaba la vida traficando con su cuerpo.


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Se incorporó a textos.info el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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564 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 16 horas, 28 minutos.