Texto: El Caudillo de las Manos Rojas

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


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Extracto de El Caudillo de las Manos Rojas

Pulo llega, a través de las zarzas que rodean como un festón los bordes del torrente, hasta la entrada de la gruta. Allí ve una ancha vasija de cobre suspendida de las ramas de una palmera, para que el viajero apague sus sed. El caudillo toca por tres veces con el mango de su yathagán, y el cobre restaña, produciendo un sonido metálico y misterioso que se pierde vibrando con el rumor de las olas. Un momento transcurre, y el solitario aparece.

—Elegido del grande espíritu —exclama al verle el caudillo, inclinando la frente—, que el enojo de Schiwen no se amontone sobre tu cabeza como las brumas en las cimas de los montes.

—Hijo de los mortales —replica el anciano sin responder a su salutación—, ¿que me quieres?

XII

—Consultarte.

—Habla.

—Yo he cometido un crimen. Un crimen horroroso cuyo recuerdo abruma mi alma como una pesadilla eterna. En vano consulte a los adivinos de Bracma. Las penitencias que me impusieron han sido inútiles. El remordimiento vive aun en mi corazón. El fantasma de la víctima me sigue a todas partes. Se ha hecho sombra de mi cuerpo, el rumor de mis pasos. Tu, a quien todos los dioses se dignan visitar; tu, que lees el porvenir en los astros y en las arenas que arrastran los ríos, dime: ¿cuando quedara lavada mi alma de este crimen?


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Se incorporó a textos.info el 19 de agosto de 2016 por Edu Robsy.
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37 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 hora, 5 minutos.