Texto: El Tesoro Dorado

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


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Extracto de El Tesoro Dorado

—¡No vayas a casa, Pedro! —gritaban los golfillos callejeros

Si duermes en la buhardilla, se pegará fuego en el piso alto y tu padre tendrá que batir el tambor.

—¡Pero antes me dejará las baquetas! —replicaba Pedro, y, a pesar de ser pequeño, arremetía valientemente contra ellos y tumbaba al primero de un puñetazo en el estómago, mientras los otros ponían pies en polvorosa.

El músico de la ciudad era un hombre fino y distinguido, hijo de un tesorero real. Le gustaba el aspecto de Pedro, y alguna vez que otra se lo llevaba a su casa; le regaló un violín y le enseñó a tocarlo. El niño tenía gran disposición; la habilidad de sus dedos parecía indicar que iba a ser algo más que tambor, que sería músico municipal.

—Quiero ser soldado —decía, sin embargo. Era todavía un chiquillo, y creía que lo mejor del mundo era llevar fusil, marcar el paso, «¡un, dos, un, dos!», y lucir uniforme y sable.

—Pues tendrás que aprender a obedecer a mi llamada —decía el tambor—. ¡Plan, plan, rataplán!


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Se incorporó a textos.info el 28 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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9 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 16 minutos.