Texto: La Familia Feliz

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


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Extracto de La Familia Feliz

Los viejos caracoles blancos eran los más nobles del mundo, de eso sí estaban seguros. El bosque estaba allí para ellos, y la casa señorial, para que pudieran ser cocidos y depositados en una fuente de plata.

Vivían muy solos y felices, y como no tenían descendencia, habían adoptado un caracolillo ordinario, al que educaban como si hubiese sido su propio hijo; pero el pequeño no crecía, pues no pasaba de ser un caracol ordinario. Los viejos, particularmente la madre, la Madre Caracola, creyó observar que se desarrollaba, y pidió al padre que se fijara también; si no podía verlo, al menos que palpara la pequeña cáscara; y él la palpó y vio que la madre tenía razón.

Un día se puso a llover fuertemente.

—Escucha el rampataplán de la lluvia sobre los lampazos —dijo el viejo.

—Sí, y las gotas llegan hasta aquí —observó la madre—. Bajan por el tallo. Verás cómo esto se moja. Suerte que tenemos nuestra buena casa, y que el pequeño tiene también la suya. Salta a la vista que nos han tratado mejor que a todos los restantes seres vivos; que somos los reyes de la creación, en una palabra. Poseemos una casa desde la hora en que nacemos, y para nuestro uso exclusivo plantaron un bosque de lampazos. Me gustaría saber hasta dónde se extiende, y que hay ahí afuera.


Reseñas

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Se incorporó a textos.info el 30 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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3 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 minutos.