Texto: La Cabaña del Tío Tom

Harriet Beecher Stowe


Novela


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Extracto de La Cabaña del Tío Tom

¡Qué situación para un senador patriota que había pasado toda la semana anterior espoleando la legislatura de su esta­do natal para que aprobara unas leyes más estrictas contra los esclavos fugados y los que les ayudaban a escapar!

¡A nuestro buen senador no le había hecho sombra en su estado natal ninguno de sus homólogos de Washington en el ejercicio de la clase de elocuencia que les ha granjeado el re­nombre inmortal! ¡Con qué majestuosidad se quedó sentado con las manos en los bolsillos burlándose de la debilidad sen­timental de los que anteponían el bienestar de unos cuantos fugitivos miserables a los importantes intereses del estado!

Estuvo tan fiero como un león y consiguió convencer no sólo a sí mismo, sino a todos los que le oyeron hablar; pero en ese momento su idea de lo que era un fugitivo no iba más allá de las letras de las que se componía la palabra; o, como mucho, la imagen vista en un periódico de un hombre por­tando un bastón y un atado con las palabras «Fugado de casa del subscriptor» al pie. La magia de presenciar la verdadera aflicción, el suplicante ojo humano, la débil y temblorosa mano humana, la desesperada petición de ayuda: todo eso no lo había experimentado jamás. Nunca se le había ocurri­do pensar que el fugitivo podía ser una madre desafortuna­da, un niño indefenso, como el que ahora llevaba puesta la gorra d e su hijo muerto, tan familiar para él. Así, ya que el pobre senador no estaba hecho de acero ni de piedra sino que era un hombre y, además, un hombre bastante noble de corazón, como todo el mundo puede ver, se sintió bastante incómodo con su patriotismo. Y no hace falta que os burléis de él, hermanos de los estados sureños, pues tenemos la idea de que muchos de vosotros, en un caso similar, no lo hubie­rais hecho mucho mejor. Tenemos razones para creer que, tanto en Kentucky como en Misisipí, viven personas de cora­zón noble y generoso, que nunca han oído en vano una his­toria de sufrimientos. Buen hermano, ¿es justo que esperes de nosotros servicios que tu mismo corazón noble y valien­te no te permitiría prestar si estuvieras en nuestro lugar?


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Se incorporó a textos.info el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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586 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 17 horas, 5 minutos.