Texto: Un Extraño Suceso

Henry Rider Haggard


Cuento


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Un Extraño Suceso

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Extracto de Un Extraño Suceso

Encendí de prisa otra cerilla y me di cuenta de que los ojos pertenecían a una anciana, arropada en una grasienta manta de piel. La cogí del brazo y la saqué al exterior, toda vez que no podía, o no quería salir por sí misma; el hedor era superior a mis fuerzas. La mujer era solamente un manojo de huesos, cubierta por una especie de pergamino negro. Lo único blanco en ella era la lana y parecía completamente muerta, a no ser por sus ojos y su voz. Pensaba que yo era un demonio que quería llevármela, y por esto había gritado. La llevé al carromato y le di una pizca de tabaco del Cabo, y después, tan pronto como lo tuve listo, le envié garganta abajo una pinta de caldo, hecho con la carne de un vilderbeeste azul que había matado la víspera, tras lo cual la vieja se animó maravillosamente. Sabía hablar en zulú —resultó que había huido de Zululandia en la época de Chaka— y me contó que todas las personas que yo había visto habían fallecido de fiebre. Cuando murieron, los demás habitantes del kraal se había ido llevándose el ganado y dejando sola a la pobre anciana, que estaba condenada, por la edad y sus dolencias, a perecer de hambre o por la enfermedad. Llevaba tres días sentada entre los cadáveres cuando la encontré. La acompañé al siguiente kraal y le entregué al jefe una manta para que la atendiera, prometiéndole otra si la hallaba sana y salva a mi regreso. Recuerdo que el jefe se quedó sumamente extrañado de que me desprendiera de dos mantas por el bienestar de una criatura tan inútil como aquella vieja.


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Se incorporó a textos.info el 6 de enero de 2018 por Edu Robsy.
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18 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 31 minutos.