Texto: La Miel Silvestre

Horacio Quiroga


Cuento


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Extracto de La Miel Silvestre

De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.

—¿A dónde vas ahora?—le había preguntado sorprendido.

—Al monte; quiero recorrerlo un poco—repuso Benincasa, que acababa de colgarse el winchester al hombro.

—¡Pero infeliz! no vas a poder dar un paso. Sigue la picada, si quieres… O mejor, deja esa arma y mañana te haré acompañar por un peón.

Benincasa renunció. No obstante, fué hasta la vera del bosque y se detuvo. Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metióse las manos en los bolsillos, y miró detenidamente aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno y otro lado, retornó bastante desilusionado.

Al día siguiente, sin embargo, recorrió la picada central por espacio de una legua, y aunque su fusil volvió profundamente dormido, Benincasa no deploró el paseo. Las fieras llegarían poco a poco.


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Se incorporó a textos.info el 28 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 9 minutos.