Texto: Por el Hombre que Está en la Pista

Jack London


Cuento


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Extracto de Por el Hombre que Está en la Pista

Entonces se levantó Malemute Kid con la copa en la mano y su mirada se posó en la ventana de papel encerado, cubierta de más de siete centímetros de hielo.

—Por aquel que esta noche se halla en la pista… Que no le falte la comida, que no flaqueen las patas de sus perros, que sus cerillas no fallen…

En esto oyeron el familiar restallado del látigo canino, el quejumbroso ulular de los malemutes y los crujidos de un trineo que se acercaba a la cabaña. La conversación languideció. Todos estaban a la expectativa.

—Es un veterano: se cuida antes de sus perros que de sí mismo —susurró Malemute Kid al oído de Prince, mientras captaban los chasquidos de mandíbulas, los gruñidos de lobo y los aullidos de dolor que indicaban a sus diestros oídos que el forastero apartaba a golpes a los otros perros mientras echaba de comer a los suyos.

Entonces oyeron que unos nudillos golpeaban la puerta enérgica y confiadamente, y el forastero entró. Deslumbrado por la luz, vaciló y permaneció un momento en el umbral, lo cual permitió que todos lo examinasen a placer. Era un hombre de aspecto singular y pintoresco, vestido con un traje ártico de lana y pieles. Su estatura, sencillamente impresionante, pues rayaba en los dos metros, estaba en proporción con la anchura de su pecho y de sus hombros. Iba perfectamente rasurado, y su tez aparecía tersa y sonrosada a causa del frío. Sus largas pestañas y sus tupidas cejas estaban blancas de escarcha, y llevaba levantadas las orejeras de su gran gorro de piel de lobo, que alcanzaban a cubrirle también el cuello. Parecía algo así como un rey de los hielos que acabase de surgir de las sombras de la noche. Llevaba un chaquetón de Mackinaw ceñido por un cinturón guarnecido de cuentas y del que pendían dos grandes revólveres Colt y un cuchillo de caza. Además de empuñar el látigo especial para perros, iba armado con un rifle, del mayor calibre y del tipo más reciente, de los que disparan sin producir humo. A pesar de su paso firme y elástico, todos advirtieron, al verle de cerca, que estaba rendido de fatiga.


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Se incorporó a textos.info el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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11 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 20 minutos.