Texto: Historia de la Criada Gudule

Jean Lorrain


Cuento


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Extracto de Historia de la Criada Gudule

Gracias a esta mujer maravillosa, la señora de Lautréamont tenía suficiente con tres domésticos, un jardinero, un lacayo y una cocinera para atender su inmensa mansión por la cantidad de sesenta mil libras. Era, sin duda, la casa más limpia de la ciudad: ni un grano de polvo sobre el mármol de las consolas, parquets peligrosos a fuerza de encerados, antiguos espejos ahora más claros que el agua de los manantiales, en todas partes, en todos los apartamentos, un orden, una simetría que hacía que el antiguo edificio de la Dirección General de Impuestos fuera citado como la primera casa de la provincia, con la frase ya consagrada para referirse a una vivienda muy cuidada: «Se diría que estamos en casa de los Lautréamont.»

El alma de aquella sorprendente mansión era una criada solterona de mejillas aún frescas, de ojillos ingenuos y azulados y que, de la mañana a la noche, con el plumero o la escoba en la mano, seria, silenciosa, activa, no cesaba de frotar, cepillar, quitar el polvo, hacer brillar y relucir, enemiga declarada del más mínimo átomo de polvo. Los demás empleados la temían un poco: la de Gudule era una vigilancia terrible. Consagrada por completo a los intereses de sus patrones, no escapaba nada a sus pequeños ojos azules; siempre presente además en la casa, pues la solterona no salía nada más que para asistir a los oficios religiosos los días festivos y los domingos, bastante poco devota, por lo demás, y de ninguna forma asidua a la misa de las seis, pretexto diario para poder salir empleado por todas las viejas criadas.


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Se incorporó a textos.info el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 9 minutos.