Texto: Lord Jim

Joseph Conrad


Novela


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Extracto de Lord Jim

Esto, para mi asombro, abrió de pronto una nueva visión de él. Lo miré con curiosidad, y me encontré con sus ojos imperturbables e impenetrables.

—No puedo soportar estas cosas —dijo, con suma sencillez—, ni quiero hacerlo. En el tribunal es distinto. Eso tengo que aguantarlo... y también puedo hacerlo.

No pretendo haberlo entendido. Las visiones que me permitió tener de él eran como esos vislumbres a través delas móviles desgarraduras de una densa niebla trozos de detalles vívidos y fugaces, que no ofrecían una idea coherente del aspecto general de un paisaje. Alimentaban la curiosidad de uno sin satisfacerla; no servían para los fines de la orientación. En conjunto, el hombre resultaba equívoco. Así lo resumí para mis adentros, cuando me separé de él, ya avanzada la noche.

Yo me hospedaba en la Casa Malabar durante algunos días, y ante mi insistente invitación cenó conmigo allí.

Capítulo 7

Esta tarde había llegado un barco correo, y el gran comedor del hotel estaba ocupado en su mayor parte por personas con pasajes de cientos de esterlinas, de un viaje alrededor de la tierra. Había parejas de casados, de aspecto doméstico y aburrido, en medio de su viaje; había grupos grandes y pequeños, e individuos aislados que cenaban con solemnidad o festejaban ruidosamente, pero todos pensaban, conversaban, bromeaban o fruncían el entrecejo como lo hacían en su casa; y con una receptividad tan inteligente de nuevas impresiones como sus baúles, en sus habitaciones de arriba. En adelante se los rotularía, pasajeros en tal o cual lugar, lo mismo que su equipaje. Atesorarían esa distinción de sus personas, y —conservarían los rótulos engomados en sus maletas, como pruebas documentales, como el único rastro permanente de su empresa de perfeccionamiento. Criados de rostros morenos caminaban sin ruido sobre el vasto y lustrado piso; de vez en cuando se escuchaba una risa de muchacha, tan inocente y vacía como su mente, o, en un repentino silencio del rumor de vajilla unas pocas palabras, de acento afectado, de algún ingenioso que bordaba, en beneficio de un sonriente grupo de comensales, el último relato gracioso de un escándalo a bordo. Dos solteronas nómadas, ataviadas con sus mejores galas recorrían con acrimonia la minuta, y se susurraban unas a otras, con labios descoloridos, rostro pétreo y extravagante, como dos suntuosos espantapájaros. Un poco de vino abrió el corazón de Jim y le aflojó la lengua. Me di cuenta de que, además, su apetito era bueno.


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Se incorporó a textos.info el 20 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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407 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 11 horas, 53 minutos.