La Herencia de Keireddin

Joan Carlos Vinent


novela



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Todos los dragones de nuestra vida son quizás princesas que esperan de nosotros vernos bellos y animosos. Todas las cosas aterradoras no son quizá más que cosas sin socorro que esperan que nosotros las socorramos.

                                        R. M. Rilke, Cartas a un joven poeta

NOTA PRELIMINAR
Para situar cronológica y, por tanto, históricamente los hechos que aquí se van a narrar, recomiendo -a aquellos que quieran conocer con cierta rigurosidad el ámbito y clima político y social en el que, reitero, va a transcurrir la acción- la lectura de la segunda parte "Siglo XVI: Los piratas" de una obra tan importante como Conquistas y reconquistas de Menorca de Micaela Mata. Asimismo, para aquellos más perezosos, les recomendaría que, por lo menos leyesen la introducción (Apreciación histórica) y los dos epílogos -breves- existentes en esa segunda parte. Para aquellos que se nieguen rotundamente a seguir la recomendación, lo único que puedo hacer es sacar un par de acotaciones o extractos que puedan ayudarles mínimamante a entender el contexto en el que sucede una historia que, por otra parte, podría haber ocurrido o acaecido en otro momento, en otro lugar y en otras circunstancias.
Sin embargo, resulta necesario situar esta historia dado su carácter de autenticidad. La historia no es más que una mera descripción de algo que sucedió realmente, pero cuya peculiar anécdota resulta entretenida e intenta hurgar en aquellos recovecos más escondidos (valga la redundancia) de la condición humana.
Lo que pretendo es escribir una historia para el ciudadano de a pie, sin buscar retórica innecesaria y pedante. Al menos esta es mi intención; a tí, querido/a lector/a, te concierne la última palabra. Espero no defraudarte, y espero que seas mi confidente en este viaje aparentemente inextricable.
Algunos pensarán, ¿por qué no narra el mismo autor los hechos históricos? ¿por qué remitir a otros? Sencillamente, porque no pretendo narrar hechos históricos de carácter más o menos general u oficial, sino plasmar una situación humana inserta en un contexto socio-cultural que mejor conocen personas especializadas o versadas en y sobre historia. No veo razón por la cual deba "malgastar" el tiempo en aspectos objetivos e irrefutables cuando lo que me interesa es escribir una novela, ante todo humana (aún a pesar de las anécdotas, de la odisea o aventuras y desventuras por las que pase/n el/los personaje/s, que son en cualquier caso lo que hacen una novela original, única en su carácter de ser diferente, nueva).
Como ya es sabido, los temas ya han sido tratados todos. En cualquier caso, lo que distingue una novela de otra es el argumento, la secuenciación de los hechos, el suceder de la acción, el estilo. En una novela no importa tanto si el árbol va a dar unos frutos u otros; lo que importa es la savia, la energía interior, el camino, no la meta.
Como ya dijo Unamuno:
"Soy de los pocos lectores que no me intereso en si se solucionan o no los problemas de una novela, nivola, ensayo, poema... ni si los tiene. Me preocupa más el metablema o trayecto. El camino y no la meta. En una obra de arte, y hasta de ciencia o filosofía, me paseo y no voy a la meta. Y es que no hay sino el camino" (Carta de Unamuno a Balseiro, 7-2-29).
¿Por qué elijo el ámbito, el setting de Menorca? Porque, como le dijo un ilustre escritor americano y amigo de ese último a otro que también llegaría a escribir grandes obras literarias: "Escribe sobre lo que conoces..." Por eso W. Faulkner siempre escribió novelas ambientadas en su entorno sureño.
Salvando la barrera cronológica, creo que es lo que intento hacer.
Finalmente, recalcar que una de mis pretensiones al escribir esta 'novela' o 'bazofia' es experimentar en determinados aspectos que podrán analizarse al final de la misma. Tengo muy claro que el propósito de esta empresa puede resultar infructuoso; pero que no quede por intenciones.



Marcel Cioran. Salamanca, 27 de septiembre de 1997


Siglo XVI.
Fernando II manipuló sagazmente la Inquisición para conseguir la unidad española y la hegemonía de la monarquía, y se apoyó, necesariamente, en Castilla por ser la región políticamente más indefensa y manejable del país. Cataluña fue la que, en consecuencia, sufrió mayormente con estos cambios -por su madurez y falta de flexibilidad- y con ella decayeron las tierras anexas que dependían enteramente de su vitalidad. Como es lógico, las más aisladas se depauperaron con más rapidez y la caída de Menorca, en particular, fue vertiginosa.
Paralizada la marina mercante catalana por el bloqueo de turcos y berberiscos, los florecientes puertos menorquines quedaron prácticamente inmovilizados y, durante el reinado de la Casa de Austria, la isla sufrió uno de los períodos más catastróficos de su historia. Sus reyes, ocupados en engrandecer España, la olvidaron en su aislamiento geográfico, y a tal punto llegó la inanición del país que no tuvo ni siquiera la energía de sumarse a la rebelión de las germanías mallorquinas en 1520, permaneciendo virtualmente separada de toda evolución histórica y material. La agricultura quedó abandonada, la ganadería debilitada por falta de renovación vacuna, y el comercio desapareció. Muchos de sus habitantes emigraron, quedando la población reducida a unas cuantas familias diseminadas por el campo. Mahón y Ciudadela apenas reunían tres mil almas. Ante tal hecatombe, Menorca fue fácil presa de las incursiones piratas que agravaron, en grado dramático, la miseria del país. Estos asaltos destructores, principalmente el de Barbarroja en 1535 y, veintrés años después, el de Mustafá y Piali, terminaron con los últimos vestigios de su seguridad.
La devastación de Mahón en 1535 por la flota de Keireddin Barbarroja fue el sangriento epílogo -y su venganza personal- de la derrota que había sufrido a manos de Carlos V en Túnez. Y la invasión de Ciudadela, en 1558, por los almirantes turcos fue la consecuencia de la nueva supremacía mahometana en el Mediterráneo, después del fracaso de los españoles frente a Argel en 1541.
Episodios históricos que desencadenaron fortuitamente su acción sobre Menorca, cimentando la tradición histórica de su pueblo.
Hasta los comienzos del siglo XVII, Menorca padeció la sistemática amenaza de las incursiones berberiscas. Y a este peligro se sumó un sinfín de desgracias que agravaron el estado de miseria en que vivían los habitantes de la isla. El cólera diezmó la población, varias plagas consecutivas de langosta destruyeron las cosechas, la espeluznante plaga de ratones en 1574, 1600 y 1601 aumentó la angustia y las privaciones, las tremendas sequías quemaron los pastos y dieron muerte al ganado, la gente padecía hambre, y el bandidaje, la violencia y la inmoralidad se impusieron en el país. En 1573, los hogares menorquines sumaban ochocientos cincuenta y dos, y en 1588 solamente mil ciento noventa y cinco familias residían en la isla. Mahón no tenía médico ni farmacéutico y Ciudadela se recobró tan lentamente del dramático "año de la desgracia" que, cohibidos por el terror y la miseria, sus habitantes "suplican a S. M. C. que se digne dar permiso para salir de esta tierra para ir a poblar otra donde puedan vivir seguros..." (Aunque cuando Felipe II ordenó la evacuación de Menorca en 1570, los menorquines, apoyados por los consejeros de Barcelona, se opusieron enérgicamente).
A pesar de tantas calamidades, la obsesión constante fueron los ataques turcos. La vida de la isla quedó supeditada al trabajo de defensa y las Universidades se unieron -por encima de sus múltiples rencillas y litigios- para construir torres en la costa, armar un fuerte en Fornells y fortificar el Monte Toro para que sirviera de refugio en caso de su nuevo ataque. Estas obras duraron largos años, pues hasta 1608 no quedó terminado el castillo de San Felipe, y no se remató la reconstrucción de las murallas de Ciudadela hasta finales de siglo.
Las torres vigías (aún hoy de pie) que se levantaron en la costa avisaban con señales de fuego de la presencia de las naves enemigas. Pero, aún así, los piratas conseguían desembarcar en los predios costeros llevándose a payeses y ganado. Binidonaire, la isla de Colom, Torreblanca de Favàritx, Ses Coves, la cala Turqueta y muchos otros lugares fueron el escenario de ataques corsarios, repelidos valientemente por los campesinos, que sufrieron no pocas bajas.
Como consecuencia de todo ello, y principalmente de las invasiones de los piratas, la isla de Menorca vivió durante casi dos siglos el período más desastroso de su historia.
(Conquistas y reconquistas de Menorca, Micaela Mata)



Capítulo primero: praedones in praedium

Un frío amanecer de invierno. Néstor se levanta, se pone/enfunda las botas de piel con las suelas gastadas por el inexorable uso y paso del tiempo, enciende la vieja chimenea de la cocina con unas ramas y troncos de acebuche, se prepara un café, toma la alforja con algo de comer y, después de abrigarse con una especie de pasamontañas de lana, sale de la casa. El viento de tramontana ruge amenazador. Afuera, en el patio de la años atrás blanca casa de campo, le espera su fiel perro de caza, Aquiles, un ejemplar color mostaza de seis años de edad; ha pasado la noche acurrucado en el fondo de su caseta, medio arropado por unos sacos viejos de tela, pero ausentes de esos parásitos tan comunes e impertinentes.
Néstor se dirige al establo donde guarda sus enseres de caza. Por el camino, puede observar la hierba blanqueada por la escarcha. Todavía está oscuro, el sol apenas ha asomado su rostro.
Aquiles y Néstor ya están a medio camino del encinar. Se mueven en silencio, sigilosamente.
Dos horas de espera no han servido para encontrar rastro alguno de conejos. Sin embargo, sí han podido escuchar el canto y el vuelo de perdices, codornices, palomas torcaces y han visto una becada picoteando en el musgo.
Decide adentrarse en el bosque del predio vecino, el pinar. Saltan la pared de piedra caliza y recorren el conocido sendero que lleva al lugar donde suelen encontrarse níscalos. Tal es su suerte, que encuentra varias de ellas asomando su peqiueño sombrero; las vuelve a cubrir con el manto de alfileres secos. Dentro de una semana van a estar a punto para ser recogidas, siempre y cuando la tramontana que parece haber amainado no las queme.
Ni rastro de conejos. El sol está subiendo, pelea por hacerse un hueco entre las nubes. Néstor se dirige ahora a la finca de al lado; allí el pinar resulta bastante inaccesible; las retamas espinosas, las aliagas cierran el paso. Por fin, cuando ya había perdido toda esperanza, encuentra rastro fresco de un par de conejos. Aquiles los ha olfateado, no pueden estar lejos.
Gracias a Aquiles la alforja lleva algo más que el desayuno. Néstor se sienta bajo un pino guardando cuidado de no hacerlo donde la resina abunde. Ahí abajo están los dos compañeros al abrigo del viento. El hombre aspira el aire puro y el aroma a bosque y a pino. Inigualables. También disfruta del rumor de las ramas que intentan romper el silencio característico de ese lugar. Desayunan.
A Néstor le gusta estar en el bosque, en plena naturaleza, lejos de la monotonía del día a día, lejos de las riñas domésticas que desde hace veinte años son su pan de cada día. Sin embargo, no huye de la civilización, aunque le atraen más las culturas antiguas desaparecidas. Está subiendo a lo alto de uno de los vestigios más antiguos de la isla. Ya está en la cima del talayote. No alcanza a comprender cómo se pudieron levantar semejantes piedras. Otea el horizonte. El paisaje es espectacular. Al norte, Monte Toro; al sur, su casa y, a lo lejos, el mar. ¡Cuánto tiempo hace que no ha visto el mar de cerca! Y eso que lo tiene al alcance de su mano, a menos de una hora a caballo.
De nuevo al pie de la torre de vigilancia, sigue vagando hasta llegar a un aljibe. Tiene sed, también el perro. Por una vez agradece el trabajon de los árabes. No hay rastro de animal alguno; ni ovejas, ni vacas, ni cabras, ni ganado de cabestro. La sequía ha provocado la muerte y la venta de mucho ganado. Apenas ha llovido este invierno... De repente, vuelve a soplar un viento más frío que nunca, el cielo se ha vuelto completamente plomizo. Néstor sabe que no le va a dar tiempo a volver a casa. Aquiles, tantas veces ejemplo de valentía, se asusta, tiene la cola entre las piernas. Hay que encontrar refugio cuanto antes. Recuerda que por aquellos alrededores hay una cueva. No sabe exactamente dónde se ubica. Se detiene. Piensa. Carraspea. El viento, por momentos, aumenta su intensidad. El perro no se separa de su amo. Nuestro barbudo entrado en canas cierra los ojos. Se olvida del exterior... Abre los ojos lentamente. El pelo de Aquiles, el suelo, la tierra, los árboles están teñidos de blanco. ¡Está nevando! El hombre está paralizado, atontado. Aquiles deja escapar un aullido; lame las manos enrojecidas y arrugadas de su compañero.

Afuera sigue la lluvia de copos. Néstor recoge unas ramas secas y hojarasca que descrubre al fondo de la cueva.
Han pasado dos horas sin poder encender una pequeña hoguera. Por fin salta una chispa... "Esteim salvats Aquiles, vine aquí." Néstor saca su pipa y empieza a fumar, al tiempo que su mano derecha acaricia al perro y contempla la nieve cayendo. Sólo recuerda haber visto nevar en la isla en dos ocasiones a lo largo de su vida; la primera, a los siete años; la segunda, veintitrés años atrás, un año antes de que su padre cayera preso por los bereberes que asediaron Mahón al mando de Keireddin "Barbarroja". Aníbal fue, efectivamente, uno de los cuarenta valientes alayorenses que acudieron a Mahón en ayuda de sus vecinos. Nunca más se supo de él. Nunca hubiera imaginado Néstor que otra incursión pirata iba a devastar en 1558 -nos encontramos en diciembre de 1557- Ciudadela. Néstor está sumido en sus pensamientos. El ardor del fuego le adormece. Cae en un sopor y, finalmente, rendido, se duerme. Está soñando. Más bien parece una pesadilla. Sueña que, estando en la cueva, al resguardo de la nieve, recuerda haber visto unas galeras acercándose a la costa sur cuando oteó desde el talaiot. Parecían tener algo negro ondeando en lo alto del mástil. ¿Serían barcos piratas? De improviso, ve a los turcos caminar, ocultos en la maleza, en dirección de una casa que le resulta familiar... "Però si és ca meva!" Los bárbaros tienen la intención de permanecer allí hasta estar preparados para atacar por sorpresa a los menorquines. Perséfone, esposa de Néstor, tiene una premonición y, después de coger algunos útiles, comida y mantas, sale con sus hijos para irse a esconder en una cueva descubierta por los antiguos romanos (prueba de ello son lasinscripciones latinas con el nombre del emperador Maximiliano), lejos del peligro que presagia la buena mujer. Los piratas llegan y saquean y destrozan todo. Permanecen en la casa dos noches... Rarísimo, tratándose de piratas.
Aquiles ladra incesantemmente. Néstor despierta. Todo ha sido una pesadilla, piensa. Pero se ha dado cuenta de que, a pesar de sus rifirrafes con Perséfone, todavía le quiere. Se produce un cambio inconsciente en él. Ha dejado de nevar. Por lo menos hay un metro de espesor. Se asoma y sale del refugio. Desconoce el lugar en el que se encuentra. La nieve ha hecho estragos. Le gusta el paisaje, pero al mismo tiempo le intranquiliza.

30-IV-1999
- ¿Qué has estado haciendo?
- ¿Que qué he estado haciendo?¡Vaya pregunta! Siempre controlando...
- Ya me lo imagino. Te has ido a dar una vuelta y, como siempre, has empezado a soñar despierto; sí, historias y paranoias tan típicas en ti. ¿Me equivoco?
- Bueno...Más o menos. Pero esta vez ha sido distinto.
- ¿Distinto?
- Sí, distinto, diferente, diverso. El hecho es que he sacado provecho de mis vivencias imaginativas. He estado escribiendo mientras estaba refugiado en la cueva.
- ¿En la cueva? ¿Qué cueva?
- Verás, como se ha puesto a llover...y ya sabes que entre la lluvia y la tramontana que suele acompañar y seguir a la misma... pues bien, he buscado refugio.
- Ya, ya, ya. ¿Y qué, has cazado algo?
- Lo que se dice cazar, cazar... Norte ha cazado un conejo, pero ya sabes, es un egoísta.
- Y no ha quedado de él más que la piel y las entrañas, ¿no es así? No eres capaz de enseñar ni a un perro, ni mucho menos de educarlo. ¡Sácalo de casa! Cómo se nota que no eres tú el que se ocupa de mantener todo limpio y ordenado. Mientras tú estabas por ahí pasándotelo bomba, aquí estaba yo trabajando para que luego, en diez segundos... Por lo menos podrías ser un poco más considerado.
- Está bien, Marta, tienes razón. ¡Norte, patsa!
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- ¿Qué pasa? ¿No me vas a enseñar lo que has garrapateado?
- Siempre tan sarcástica. Y se dice garabatear, no garrapatear.
- Ya, si eso ya lo sé, pero con esas garras tan sucias y esas patas llenas de mierda y fango... no sé si eres Norte o mi QUERIDO maridito. Además, si te dedicas a escribir, has de saber que los juegos de palabras...
- ¡Vamos, lo que faltaba! Ahora me va a dar clases de estilo y demás familia.
- A ver eso que has escrito, guapo...
- Sin sorna, ¿eh? En mis tiempos mozos... Para ti en cambio el tiempo no ha hecho mella.
- ¿Mella? Ya hablas...
- Mira, o mejor dicho, escucha: dejémoslo estar y vayamos al grano, que ya sabes que tengo muchas cosas que hacer.
- Sí, ya. Siempre tienes muchas otras cosas que hacer. Pero ¿cuándo las haces? Menos hablar y más actuar. Que eres un soñador...
- Pues claro, qué sería de mí, es más, que seríamos de nosotros si se nos cercenara la capacidad y libertad de soñar. Toma, ahí está lo que he escrito. Y quiero que seas crítica, aunque esto no hace falta que te lo pida ni exija; todo el día me estás criticando... No sin razón, pero tampoco con ella. ¿Pero qué digo? No sin razón, pero también con ella. A ver, que me estoy armando un embolado yo solito.¡Vaya cacao mental! Vamos a ser más simples, aunque también upanishádicos: Con razón, pero sin ella; es decir, ni con razón, ni sin razón. ¿Que no tiene lógica? ¿Y qué? Deberíamos tener un poco más en cuenta la forma de pensar oriental. De hecho, el otro día me di cuenta de que inconscientemente, o quizá no tanto, escribí algo que mucho tiene que ver con el famoso aunque desconocido por los muchos de los occidentales Poema del no ser; sí, ese del Rigveda*. De momento, mientras mi mujer intenta descifrar mi caligrafía, te voy a hacer partícipe de este poema (o como quieras llamarlo) que, aunque aparentemente banal, no lo es tanto. Las apariencias engañan.

Secuela
El amor consiste en recaer una y otra vez
en aquella parte de ti que deberías saber
no vas a recuperar jamás. En el amor verdadero
renuncias a una parte de ti que regalas y que, por tanto,
no admite devoluciones.
Ha sido aquí, en esta habitación,
donde he perdido esa proyección en el otro que
muere y, cual Ave Fénix,
renace en las sombras inocuas de mi, tu, vuestra,
su aura.
Parte de mi alma ha quedado
impresa en la blanca sábana de la almohada para ir a
desvanecerse en el agua del olvido y de la podredumbre.

Amar es ir desvaneciéndote, desapareciendo, poco a poco,
lágrima a lágrima, en el ser del no-ser,
en el ser que no somos,
en el éter de la no creación.
Al amar se pierde una parte del agua modulada y modelada
en lo incorpóreo de nuestra fysis, se pierde
un grano de mar, de ese ente que no es otra cosa que
la ilusoria proyección del ánima intangible.

- ¿Qué, todavía no has terminado de leer?
- ¿Leer? Si estoy en la mitad del laberinto, parecen pictogramas chinos o jeroglíficos egipcios. Si me ayudas, voy a hacer la transcripción de este incunable... antes de poder leerlo pausadamente.
- Has de tener en cuenta que mi historia transcurre en el siglo XVI, y aunque exista ya la imprenta...
- Menos charla, menos guasa y actúa. ¿Qué pone esto?
- Mira, Marta, me voy a curar en salud. Me lo he pensado mejor y creo que no te voy a dejar leer este manuscrito hasta que no hayas leído otro escrito que redacté cuando era estudiante de Filología Inglesa en Salamanca. Lo escribí para una exposición delante de un aforo de unas cien personas; la verdad es que fue un poco una quijotada, pero creo que resultó. Además, lo que yo pretendía era prodesse et delectare y de otro modo no sé si hubiera conseguido captar la atención del público que en exposiciones previas a la mía se dedicaba a pasar a limpio apuntes, charlar con los compañeros de al lado, y cosas por el estilo. Pensé que ya que la asignatura estaba dedicada exclusivamente al tema del cuento, lo que debía hacer era presentar mi "ensayo" camuflado dentro de una especie de cuento de mi propia cosecha. Me dirás, ¿y qué tiene que ver todo este rollo patatero con mi manuscrito? Pues mucho más de lo que puedas pensar, porque en este ensayo están las claves -aunque suene a obviedad- de lo que significa ser un verdadero lector, que no leedor. Bueno, mejor será que desempolve esos papeles... ¿dónde diantre estarán? Espero que todavía permanezcan intactos; aunque contigo nunca se sabe, porque cuando te da por limpiar y ordenar empiezas a tirar papeles y más papeles sin fijarte en lo que hay escrito en ellos. ¡Qué raro, no me has interrumpido! ¿Marta?
- Aquí está El alcornoque, desconfiado. No te preocupes, lo voy a leer, pero para ello no te necesito a mi lado interrumpiendo cada veinte segundos. ¿No tenías muchas cosas que hacer?

El alcornoque

Érase una vez, en un pueblecito de Inglaterra de cuyo nombre quiero, pero no consigo acordarme, en una taberna de cuyo nombre sí me acuerdo -La Posada de las Ánimas- entró un estudiante de Salamanca que se encontraba en las tierras de Chaucer gracias a una beca Sócrates. Bajó las escaleras y echó un vistazo a la barra del bar; ahí se encontraba quien debía estar (a buen entendedor...). Volvió la mirada a la derecha y se encontró con que todas las mesas estaban vacías, menos una. Se acercó a esa mesa y pudo ver que había sentados cinco señores de una edad ya avanzada; alredodor de la mesa se agolpaba, aunque de forma extrañamente oordenada, un montón de espectadores, tres filas formando tres círculos atendían a lo que decía uno de los sentados. Parecía como si de la mesa surgieran los rayos del sol. El estudiante se acerca a uno de los espectadores y pregunta por el nombre del que está hablando. Le dice que es un tal Gustavo. ¿Gustavo? Verde no es, así que queda descartado el que pueda tratarse del reportero más dicharachero de Barrio Sésamo. Perilla no lleva, por lo que tampoco puede tratarse de Gustavo Adolgo Bécquer. Escucha. El tal Gustavo, que no había parado de hablar decía en ese momento: "Comme l'on serait savant si l'on connaissait bien seullement cinq à six livres"; es decir, qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros. Siguió escuchando un rato y después se acercó a la barra del bar para pedir media pinta de cerveza roja (que se ha descubierto que es buena para evitar o prevenir no sé qué cancer) y le pregunta al tabernero por el orador. Éste le responde: Es francés, creo que se llama Gustave Flaubert. Se toma la caña y se dirige con el poco dinero que le queda a la Plaza Mayor, donde se encuentra el mercado que está a punto de irse a cenar. ¡Vaya por dios! Los puestos de venta están todos vacíos, menos uno. De nuevo se acerca. Era un vendedor de nabos el que tenía a la gente espectante y entretenida. Escucha y oye al vendedor, que decía iba a ser un gran novelista (defendía la novela a capa y espada), y dice lo siguiente: "Las grandes novelas son grandes cuentos de hadas", "todo escritor es un gran embaucador", "al leer, debemos fijarnos en los detalles, acariciarlos. Nada tienen de malo las lunáticas sandeces de la generalización cuando se hacen después de reunir con amor las soleadas insignificancias del libro", "en el estilo, en las imágenes, en la estructura de la novela, [cuento], o poema es donde reside la genialidad de un poeta o escritor", "para leer bien, para ser lectores (que no leedores [de eso ya hablaba el poeta Pedro Salinas]), no hay que enfrentarse al texto con ideas preconcebidas". Más tarde me enteré de que el vendedor de nabos era ruso, que tenía ascendentes aristocráticos y que, a parte de hablar un perfecto inglés, también lo hacía en francés. De vuelta a Salamanca (tres días después) supe que el vendedor se llamaba Vladimir Nabokov (curioso). Pero todavía me encuentro en el mercado; bueno, no. Me dirigí a mi humilde apartamento con unos nabos para cenar y, por el camino, cuando no faltaban más de cien metros para llegar a mi casa (que por lo menos goza de una espléndida panorámica del río), me topé, en una esquina, con un vagabundo, no sé si ebrio (borracho) que me dijo, ¡qué extraño!:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Le pregunté de quién eran esos versos; dijo que eran suyos, "de un servidor, un portugués inmortal; me llamo Fernando Pessoa".
Ya en casa, hice una especie de compota con la comida mediocre de que disponía, cené y me dirigí al escritorio. La mesa tenía tres de sus patas carcomidas por las termitas. En cualquier momento iba a desplumarse sobre mis pies. La vela parecía la Torre de Pissa. Empecé a cavilar mientras desempolvaba mi edición billingüe de los Canterbury Tales de un tal Chaucer. Tenía que hacer un trabajo, analizar el estilo del 'Miler's Tale' (o Cuento del Molinero). Pensé en lo oído en la taberna, en el mercado y en la esquina de aquel oscuro callejón. Me acordé de las palabras que antaño habían salido de la boca de un profesor: "Chaucer no aburre, pero no es trivial"[es decir, no es insustancial, no es baladí].


Me formulé las siguientes preguntas:
1.) ¿Es Chaucer un gran embaucador? Si no es así, según lo escuchado, no es un gran escritor.
2.) ¿Es Chaucer un fingidor? ¿Es Chaucer poeta?
*Los profesores decían que sí, incluso los críticos. Pero yo quería comprobarlo por mí mismo. Ojeé la introducción al libro de Chaucer (decidí dejarla para después de leer el cuento); sin embargo, me detuve en las citas de los críticos literarios y me quedé con las dos siguientes:
a.) Chaucer fue introductor de la literatura inglesa de un nuevo estilo [subrayé 'estilo'] en cuanto se refiere al uso de símbolos [subrayado]; fue capaz de incorporar a un tiempo la claridad luminosa de la verdad y la siempre luz del día. V. K. KOLVE.
b.) El lenguaje que utiliza Chaucer para motivar a su audiencia es coloquial y estimulante. Las sátiras de los poetas latinos contribuyeron al desarrollo de la imaginación esencialmente poética de Chaucer. B. HARBERT.

Muy bonito. Pero pogamos en duda lo que dicen sobre el texto original e intentemos sacar nuestras propias conclusiones (que pueden coincidir o no con la de los críticos) a partir del texto virgen, es decir, el texto escrito en Middle English en versos con rima final (pareados) y además pentámetros yámbicos. Debemos recordar también que el texto fue escrito para ser leído oralmente, en voz alta. Por tanto, habrá que tener en cuenta la importancia del énfasis y de la entonación, sin olvidar la voz de falsete (o de Pilatos, como se nos dice en el original) utilizada por el molinero borracho y también por Nicolás El Espabilado (hende Nicolas) cuando canta. De todo ello era muy consciente nuestro amigo Geoffrey; ello contribuiría a las risas del público.
También hay que tener en cuenta que Chaucer llegó a ser un poeta cortesano, lo que se refleja en el vocabulario: abundancia de palabras de origen francés: cout, gentil, noble, cuckold (cornudo)...
Hice una primera lectura, es decir, una lectura más bien superficial para enterarme del argumento del que ya hablaron mis compañeros de fatigas. De cualquier modo, fui subrayando lo que me llamaba la atención y que creo que sirve para ilustrar una parte del estilo de Chaucer. He aquí los recortes descontextualizados que apunté en el embalaje de nabos:

- "el que no tiene esposa no puede ser cabrón"
- Catón: "un hombre debe casarse con alguien que se le parezca"
- Si ella hubiera sido un ratón y Absalón un gato, juro que se le hubiera arrojado encima inmediatamente.
- ¡Ayúdanos, Santa Frideswide! ¿Quién puede predecirnos lo que el destino nos depara?
- ¡Que el signo de la cruz te proteja de duendes y espíritus! (carpintero)
- Encantamiento:
Jesucristo, San Benito.
Los malos espíritus prohibid:
espíritus nocturnos, huid del Padrenuestro.
Hermana de San Pedro, no abandones a este siervo vuestro.
- Te aseguro que vas a remar tan alegremente como un pato blanco detrás de su pareja.
- Como muy bien dice Salomón: "No hagas nada sin consejo, y te alegrarás de ello."
- Refrán: La gente dice: "Envía a un sabio y ahorra tu aliento".
- ¡Qué poder tiene la fantasía! La gente es tan impresionable, que puede morir de imaginación.
- (sacristán herido de amor) Mi boca me ha dolido todo el día: buen augurio de que al menos la besaré. (Chaucer se ríe de la iglesia, hasta un sacristán en supersticioso...)
- Desde el momento en que le besó el culo, se le curó la enfermedad.
- Al primer canto del gallo...(reminiscencia Biblia, San Pedro).
- Así acaba la historia, y que Dios nos proteja.

El estudiante vuelve a Salamanca algo descorazonado. Lee, relee (tal como decía Nabokov), pero no encuentra lo que busca. Hay, tiene que haber algo debajo de la superficie, aparte de lo analizado hasta el momento. Falta, quizás, bueno, no, con toda seguridad lo más importante, lo que hace original y pionero a Chaucer gracias a su nuevo estilo: como os decía en una cita de la crítica, falta la lectura, la interpretación de los símbolos de los que Chaucer se nutre y no sé si crea.
Nauj Solrac, así es como se llama el estudiante, no hace más que darle vueltas a lo mismo, rayando en la obsesión, pero no se amilana, no se rinde, no se desanima. El desafío lo crece.
- Diiinnng!!! La bombilla se enciende. ¡Idea! Voy a ir a Extremadura, que allí hay muchos alcornoques. Por fin llegué. ¡Vaya viajecito! En busca de ¿una entelequia? ¡Amigos! Quizá haya en el mundo más magia, menos casualidades y más causalidades de lo que creemos. Nuestro universitario se parece cada vez más al Licenciado Vidriera de Cervantes. ¿Me estoy volviendo loco? Aunque como dijo Pascal: "No estar loco, ¿no es en realidad otra forma de locura? ¿No están más locos los que dicen no estar locos ante esta caótica sociedad?"
El hecho es que me encontraba en Extremadura y me dirigí al primer alcornocal que encontré y empecé a quitarle la corteza, el corcho, lo que flota, la superficie a 12 alcornoques. Cuano me encontraba en el número 13 ¿qué loco dijo que el 13 es número de mal agüero? (Sí, el cristianismo y la superstición popular, ¡vaya por dónde!, encontré una señal, unos signos grabados al pie del tronco; rezaba así: Esopo. En ese momento no caí en la cuenta, pero ya era tarde y debía atravesar un campo de cerezos del Valle del Jerte antes de llegar a Plasencia. Por el camino me topé con una gitana que me preguntó si quería que me leyese lo que decían las estrellas acerca de mí. Le dije que no llevaba en el bolsillo otra cosa que unos corchos que había encontrado por ahí. Ya a las puertas de Plasencia, antes de cruzar el río, pude ver atravesar el camino corriendo lo que, si no me falla la memoria, me pareció una comadreja. ¿Casualidad? ¿Causalidad? A veces parece que el mundo gire alrededor de nuestras preocupaciones. Tampoco caí en la cuenta de nada, ni siquiera en la cuenta de la vieja, ni en el cuento de la lechera. Me encontraba "acuchuflado"(no sé si me acabo de inventar una palabra, pero seguro que todos me entendéis ¿verdad público?).
Me meto en la cama y ¡ya no puedo dormir! Acabo de atar los cabos. Esopo... una comadreja... En el Cuento del Molinero se nos compara a Alison (o Eloísa) con una weasel, es decir, una comadreja. En las fábulas de Esopo aparecen varias dedicadas a la comadreja (o nutria, aunque no es lo mismo, pero así es como aparece traducido en la versión española de la editorial Cátedra). Chaucer leyó fábulas, es más, en su estancia en Francia como oficial de aduanas se le reconoce como un gran traductor de libros de carácter simbólico, entre ellos The Parlament of the Foulys (El parlamento de las aves).
A primera hora de la mañana nuestro antes encorajinado estudiante emprende rumbo a Salamanca. Pero todavía le falta solucionar un enigma del que ya me olvidaba haceros partícipes: de vuelta a Plasencia, después de encontrarse con la adivinadora, se dio de narices, de bruces con un cartel informativo que decía: A CHEVALIER (3 kilómetros). ¿Chevalier? Como no sea por José Bonaparte, juraría que esto es francés... Mi francés macarrónico me retrotrajo a Inglaterra, dónde había leído por primera vez el cuento de Chaucer: The Knight's Tale (el cuento del caballero). Sin embargo, Chevalier iba más allá de esto. No fue hasta que divisé la Catedral de Salamanca y el Puente Romano que me vino a la memoria una conversación con un compañero de fatigas del maravilloso Plan de Esturdio de 1993 (he dicho esturdio, que no estudio. Esturdio. Somos filólogos ¿no?: Voz acuñada por un servidor y que procede del verbo esturdir: atontar, aturdir. Cerramos el KIT KAT y proseguimos). Pues bien, me comentó este compañero que existe un magnífico Diccionario de Símbolos escrito por el Doctor en Teología y profesor de filosofía Jean Chevalier, salido a la luz en 1969 y editado al castellano por primera vez en 1986 por la editorial HERDER (Barcelona). Fui a mi biblioteca particular. ¡Pero si ya lo tenía! ¿En qué estaría pensando?

Una nueva relectura me llevó a la conlusión tan acertada por ese crítico del que ya os he leído la cita: el cuento del molinero está plagado de símbolos. Mi compañera S... os destapó el otro día alguno de ellos (debo confesar que no estaban mal elegidos; os refresco la memoria: piel como monedas de oro (simbología del oro), la cabritilla, el canto de la golondrina posada en el granero, boca dulce como la miel o como una manzana colocada sobre el heno, potrillo, alta como un mástil, tiesa como una flecha.
Pero hay más, mucho más. No hay nada fortuito en las palabras que usa Chaucer, ni siquiera en el nombre de los personajes, al menos en los centrales. Posiblemente nos llevaría mucho tiempo desbrozar toda la paja del grano y desgraciadamente el reloj de arena sólo se para para que le dén la vuelta.
Voy a hacer una enumeración y si me da tiempo voy a dar la explicación de algunos de estos símbolos, algunos asombrosamente evidentes y que estaban allí, desde el principio, como las setas bajo los pinos, pero a veces las prisas son traicioneras. Repito, si no queda tiempo, ya os he dado las claves que están el el jardín, en los senderos a seguir que, sin embargo, como en el relato de Borges, casi siempre se bifurcan.
Ahí va la lista, atrofiada por todas partes:
- En las descripciones, en las que se nos da todo lujo de detalles, estos detalles, o muchos de ellos, son simbólicos y nos dicen de forma soterrada mucho o todo lo que va a suceder, o cuanto menos como va a comportarse o es tal o cual personaje.
[...] Chaucer nos describe a la mujer como muy guapa, en la superficie. Pero sus palabras son un arma de doble filo, porque entrañan ironía y un significado simbólico que se contrapone radicalmente a lo que en apariencia dice. Las apariencias engañan y así, las apariencias de las palabras también engañan. Hablando de engaño, ¿os acordáis de las citas del principio? Todo gran escritror es un gran embaucador, el poeta es un fingidor. Embaucar, fingir, aparentar, engañar son sinónimos o casi sinónimos.
Conclusión : Chaucer es un gran poeta y un gran escritor. Chaucer es, sin lugar a diudas, (aquí lo hemos intentado demostrar) un genio, y me atrevo a afirmar -no soy el primero que lo hace, ni el último- una de las tres mayores figuras de la literatura inglesa.
Y para que este cuento sea perfecto, vamos a cerrar el círculo copiando al molinero:
Así acaba la historia, y que Dios os proteja.
Aunque quizás fuera más correcto utilizar una fórmula tradicional, pero posiblemente desconocida por muchos. Ahí va:
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


[...]


Editorial IHALORDIXIONS                                                  [Metanovel·la] 

             Hi ha novel•les que amaguen un ou, un pou d’or, tresor de ploma daurada. Somnis visionaris d’escenaris per venir; tercer ull tiresià que governa un passat que beu del present que es confon dins les tenebres de l’inconscient. Aquesta novel•la poètica és reminiscència de la cultura que no apaivaga sinó que ataülla una manera d’escriure que beu del postmodernisme nordamericà i dels clàssics de la literatura anglesa, d’un escriptor pioner al seu temps: Geoffrey Chaucer, qui beu de la sàtira llatina i de les faules d’Esop. La novel•la és rebedora i beuredora de l’ensenyament de genis literaris com Vladimir Nabokov, Fernando Pessoa, Jack London, John Steinbeck, Caterina Albert-i-Paradís, Prudenci Bertrana i un llarg etcètera: autoanàlisi de l’acte creatiu, cant a la diversitat en termes universals i absolutament relatius; truita de patates de cultura oriental mesclada amb occidental. Metanovel•la històrica -d’homenatge a Micaela Mata- i filosòfica que recorda la visió Kunderiana de la vida, la reflexió rhumana de Cioran batuda amb sal de pensament nascut a l’Índia pregandhiana o potser a la gran Nordamèrica de grans pensadors que influeixen en la cultura oriental: Henry David Thoreau, motor intel•lectual de Mahatma Gandhi. Novel•la mesclada amb ceba d’assaig i de poesia a vegades críptica, gongorina, però que mou a fer una aturada al camí del coiot perseverant i metòdic, emblema d’imaginació, de creativitat i de pensament alternatiu. Escriptor entabanador que ens disfressa de novel•la decimonònica una nivola boirosa, de calitja descoberta que convida a aturar-se a tastar, sitzellar el bon vi del pols ranci i de la pols rància i desintoxicant de drogues amb focs d’artifici. Caixó de-sastre i de sabater tradicional, de jocs i de crua carn de nacra prohibida, remor i xiuxiueig de la oïda no de cera d’abella melera o melissa, sinó de vespa vespertina, de paper de rusc de vespa amb què mai no es van escriure manuscrits d’incertesa immortal. Foc primigeni que en Joan Carles Vinent Mercadal (Maó-Alaior 1976, Salamanca-Nova Anglaterra, Alaior segle XXI), llicenciat en Filologia Anglesa per la Universitat de la granota sobre cap de mort i llibre de coneixement ancestral (Salamanca), s’encén a la llum pública amb incipient llum en crues després d’anys d’estudi entre bambolines i caixons de guaret que aporten la distància necessària de desig de demiürg.


La Herencia de Keireddin

©jcvinent

Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
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