Texto: El Silencio

Leónidas Andréiev


Cuento


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Extracto de El Silencio

—¡Vámonos!

—¡Verita mía!

—¡Vámonos, te digo! —gritó el pope—. Si ha olvidado al Dios bueno, no somos nada para ella.

Condujo a Olga Stepanovna casi a la fuerza. Cuando estaban en la escalera, ella le gritó, iracunda:

—¡La culpa es tuya! Tiene tu carácter. ¡Tú responderás de ella ante Dios! ¡Qué desgraciada soy!

Lloraba. Las lágrimas la impedían ver los peldaños de la escalera y andaba como si ante sus pies se hubiera abierto un abismo.

A partir de aquel día, el pope Ignacio no le dirigió la palabra a su hija. Diríase que esta no lo veía; seguía guardando cama o paseándose por su cuarto, frotándose a cada instante los ojos, como si hubiera algo que se los tapara. Y la madre, que gustaba de reír y de bromear, perdía la cabeza desesperada, entre el marido y la hija, siempre taciturnos.

Vera, a veces, salía. Una semana después de la conversación que hemos referido, salió, como de costumbre, por la noche. Y ya no se le volvió a ver viva: aquella noche se arrojó bajo el tren, que la cortó en dos pedazos.


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Se incorporó a textos.info el 22 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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11 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 19 minutos.