Texto: El Príncipe y el Mendigo

Mark Twain


Cuento


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Extracto de El Príncipe y el Mendigo

A eso de las cinco, Enrique VIII despertó después de una siesta agitada, y murmuró para sí:

«¡Pesadillas, pesadillas! Mi fin se acerca. Así lo anuncian esas advertencias de mal presagio y mi pulso débil lo confirma.»

Y con ojos que lanzaban chispas de perversidad, añadió:

«Sin embargo, no moriré antes de que él me preceda.»

Al observar sus servidores que el monarca estaba despierto, uno de ellos le preguntó qué se debía hacer con el lord canciller que estaba esperando.

—¡Que pase, que pase! —exclamó el rey, con vehemencia.

El lord canciller entró y fue a arrodillarse ante el lecho del soberano, diciendo:

—He dado las órdenes oportunas y, cumpliendo los mandatos de Su Majestad, los pares del reino, en traje de ceremonia, se hallan en estos momentos en los estrados de la Cámara, donde después de confirmar la sentencia contra el duque de Norfolk, esperan humildemente lo que se digne disponer Su Majestad.

En las facciones del monarca se reflejó una alegría feroz. Este dijo:


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Se incorporó a textos.info el 16 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
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217 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 horas, 20 minutos.