Texto: Némesis y el Vendedor de Caramelos

O. Henry


Cuento


0


Twitter Facebook Google+


No hay más información sobre el texto 'Némesis y el Vendedor de Caramelos'.


Extracto de Némesis y el Vendedor de Caramelos

Ives no se inmutó. Cuando uno está en el ring, no le sorprende que el adversario le pegue en las costillas.

—Aquel día —dijo Ives con poco tacto— seguí al vendedor de caramelos y le di cinco dólares al llegar a la esquina de Broadway.

Cogió la bolsita de papel, que Honoria se había colocado en el regazo, sacó uno de los cuadrados caramelos y quitó lentamente el papel que lo envolvía.

—El padre de Sara Chillingworth —explicó Honoria— le acaba de regalar un automóvil.

—Lee esto —pidió Ives, alargándole el papel del caramelo recién desenvuelto:

Del arte de vivir la vida es dueña
y el amor a perdonar nos enseña.

Las mejillas de Honoria se pusieron rojas como la grana.

—¡Honoria! —exclamó Ives, levantándose de un salto de la silla.

—Miss Clinton —corrigió Honoria, emergiendo como Venus entre la espuma de las olas—. Ya te advertí que no volvieras a pronunciar ese nombre.

—Honoria —repitió Ives—, tienes que escucharme. Ya sé que no merezco tu perdón, pero he de conseguirlo. En ocasiones nos vemos poseídos por una locura de la que no es responsable lo mejor de nosotros mismos. Arrojo al viento todo lo que no seas tú. Rompo las cadenas que me han tenido preso. Renuncio a la sirena que me alejó de ti con malas artes. Permite que ese verso de vendedor ambulante te suplique en mi nombre. Eres la única a quien puedo amar. Deja que tu amor perdone, y yo te juro que el mío seguirá contigo «mientras el cielo siga azul».


Leer eBook

Descargar eBook ePub


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


Se incorporó a textos.info el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
Título visto 1 vez.
7 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 13 minutos.