Texto: El Abanico de Lady Windermere

Oscar Wilde


Teatro, comedia


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Extracto de El Abanico de Lady Windermere

LADY WINDERMERE.— No tema usted, duquesa; yo nunca lloro.

DUQUESA DE BERWICK.— Hace usted perfectamente, querida. El llanto es el refugio de las mujeres feas y la ruina de algunas bonitas. ¡Agata, rica!

LADY AGATA (Entrando por la izquierda.) .—¿Qué, mamá?

(Permanece detrás de la mesa, a la izquierda.)

DUQUESA DE BERWICK.— Di adiós a lady Windermere y dale las gracias por su encantadora visita. (Volviendo nuevamente hacia atrás.) Y, entre paréntesis, tengo yo también que darle las gracias por haber enviado una invitación a mister Hopper..., ese joven australiano, tan rico, de quien la gente habla tanto ahora. Su padre hizo una gran fortuna vendiendo no sé qué clase de conservas en latas redondas..., muy sabrosas creo (me figuro que son esas que los criados se niegan siempre a tomar). Pero el hijo es muy interesante. Creo que se siente atraído por la amena conversación de mi querida Agata. Claro es que nosotros sentiríamos mucho perderla; pero, a mi juicio, una madre que no se separa de su hija todas las temporadas no le profesa verdadero cariño. Vendremos esta noche, querida. (PARKER abre la puerta del centro.) Y acuérdese de mi consejo: llévese al pobre muchacho fuera de Londres en seguida; es lo único que puede hacerse. Adiós otra vez; vamos, Agata.


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Se incorporó a textos.info el 21 de mayo de 2016 por Edu Robsy.
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63 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 hora, 50 minutos.