Texto: La Alegre Romería de San Marcial

Pierre Loti


Cuento


0


Twitter Facebook Google+


No hay más información sobre el texto 'La Alegre Romería de San Marcial'.


Extracto de La Alegre Romería de San Marcial

Por los arduos senderos suben también vendedores de caramelos, de chucherías, de vinos dulces y de cocos, llevando sobre la cabeza sus mercancías que forman extravagantes edificios. Y niños, innumerables niños que ascienden por grupos, por familias, alargando sus pequeñas piernas, los más jóvenes a remorque de los de más edad, todos con su boina vasca por supuesto, y apresurados, diligentes, cómicos. Se ven algunos que suben a cuatro patas, con aspecto de rana, agarrándose a las matas. Esos pequeños son, por otra parte, los únicos peregrinos algo serios, los únicos que no se divierten: sus ojos desencajados expresan la inquietud de no llegar a tiempo, el temor de que la montaña sea demasiado alta; y se apresuran, se apresuran tanto como pueden, como si su presencia en esta fiesta fuera una necesidad capital.

La carretera, serpenteante, en la que mis caballos trotan pese a la empinada cuesta, cruza dos, tres, cuatro, cinco veces, los atajos de los peatones, y a cada vuelta encuentro a las mismas personas que, aunque van a pie, llegarán antes de yo en mi absurdo coche. Hay sobre todo una pandilla de jovencitas de Fuenterrabía con trajes de indiana rosa, que encuentro a cada momento. Ya nos conocíamos vagamente por habernos visto en fiestas, en procesiones, en corridas de toros, en todas esas reuniones al aire libre que son la vida del País Vasco, y esta mañana, después de la segunda vuelta que nos pone uno frente a las otras, empezamos a sonreírnos. A la cuarta, ya nos decimos «Buenos días». Y, divertidas por ello, se apresuran aún más para que nuestros encuentros se repitan hasta llegar arriba. ¡Dios mío! ¡Qué ingenuo he sido al coger un coche para ir más rápido, sin pensar en las revueltas que no acaban nunca! Llegan siempre antes que yo a los puntos de cruce, algo burlonas de mi lentitud, un poco sofocadas también, ¡pero tan poco!, con el pecho gentilmente jadeante bajo el tejido ligero y tenso, las mejillas rojas, los ojos vivos, la sangre alerta de los contrabandistas y de los montañeros corriendo por todas sus venas…


Leer eBook

Descargar eBook ePub


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


Se incorporó a textos.info el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
Título visto 1 vez.
6 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 10 minutos.