Texto: Sonata de Primavera

Ramón María del Valle-Inclán


Novela


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Extracto de Sonata de Primavera

Y volviendo á continuar la marcha:

—¡No lo quiso Dios!... ¡No lo quiso Dios!...

De esta suerte atravesamos la antecámara, y un salón casi oscuro y una biblioteca desierta. Allí el mayordomo se detuvo, palpándose las faltriqueras de su calzón, ante una puerta cerrada:

—¡Válgame Dios!... He perdido mis llaves...

Todavía continuó registrándose: Al cabo dió con ellas, abrió y apartóse dejándome paso:

—La Señora Princesa desea que dispongáis del salón, de la biblioteca y de esta cámara.

Yo entré. Aquella estancia me pareció en todo semejante á la cámara en que agonizaba Monseñor Gaetani. También era honda y silenciosa, con antiguos cortinajes de damasco carmesí. Arrojé sobre un sillón mi manto de guardia noble, y me volví mirando los cuadros que colgaban de los muros. Eran antiguos lienzos de la escuela florentina, que representaban escenas bíblicas:—Moisés salvado de las aguas, Susana y los ancianos, Judith con la cabeza de Holofernes.—Para que pudiese verlos mejor, el mayordomo corrió de un lado al otro levantando todos los cortinajes de las ventanas. Después me dejó contemplarlos en silencio: Andaba detrás de mí como una sombra, sin dejar caer de los labios la sonrisa, una vaga sonrisa doctoral. Cuando juzgó que los había mirado á todo sabor y talante, acercóse en la punta de los pies y dejó oír su voz cascada, más amable y misteriosa que nunca:


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Se incorporó a textos.info el 22 de abril de 2016 por Edu Robsy.
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62 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 hora, 48 minutos.