Recepcionista y Huéspedes

Joan Carlos Vinent


crónica anecdótica



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Han pasado diez días desde que llegué con mi esposa al hotel aquí en la costa sur de Menorca y todavía no tenemos noticias de la maleta extraviada como nos dicen, o perdida, como digo yo. En el aeropuerto nos dicen que “no desesperen”, pero ¡cómo no vamos a desesperar! Dicen que nos la mandarán al hotel con la mayor brevedad posible…pero el hecho real es que nos han chafado las vacaciones. Es la primera vez que viajamos a esta paradisíaca isla desde que yo tenía nueve añitos; para mi esposa es la primera vez en su vida. Le prometí que nos lo íbamos a pasar en grande, pero es que sólo tenemos la pequeña mochila con lo básico…Hemos tenido que comprarnos ropa nueva, pero ¿qué vamos a hacer, comprar todo lo que llevábamos en la maleta? Los otros clientes del hotel deben pensar que somos unos sucios llevando día sí día no la misma ropa, el mismo pantalón azul marino, el mismo polo rojo…y no hablemos de ropa interior. Los recepcionistas a los que hemos ido preguntando mañana y tarde no saben nada, pero les agradecemos su empatía para con nosotros. La isla es bella, no tenemos pega con el hotel, aunque el aire acondicionado está un poco fuerte, y al no poderse graduar individualmente tenemos que dormir con mantas. En fin, lo que iban a ser dos semanas de relax en el año de nuestro treinta aniversario de casados se ha convertido, especialmente para mi esposa, en un calvario. Menos mal que aparece el humor no sé si negro o gris, supongo que producto de la impotencia. Hemos alquilado un coche, ya que nos han dicho que sin él nos perderíamos los pequeños rincones y las hermosas playas vírgenes de la isla. Eso sí, ataviados con la ropa que lavamos como bien podemos de un día para otro con la esperanza de que llegue la maleta. Este año juntamos la ropa de ella con la mía para no tener que llevar excesivo equipaje…y cómo nos ha salido. Ya sé que no somos los únicos, pero sí que es la primera vez que nos pasa a nosotros. Enciendo el televisor una vez llegamos de cenar en un restaurante estupendo y aparece la noticia de que hay una nave en el aeropuerto de Barajas llena de maletas perdidas o sin rumbo conocido. Nos quedan cuatro días para irnos y todavía no sabemos mucho, aunque al parecer la maleta ha viajado hasta Canarias. Mira que mi mujer decía de ir a Canarias, pero yo le comenté que las arenas de Menorca eran menos deprimentes en el sentido de que eran casi blancas o amarillas, principalmente. Según dónde vayas te encuentras la arena negra. No, no se trata de desmerecer las islas afortunadas, nada más lejos de la realidad. Llevamos años yendo a veranear a Tenerife, Gran Canaria, etc., pero este año me dio por Menorca, otra joya del Mediterráneo. Una semana, como nos decían en la agencia de viajes se hace un tanto corta, así que decidimos que fueran quince días. ¿Y si llega la maleta cuando estemos a punto de irnos? Por si acaso tendremos que dar al hotel nuestra dirección en Madrid; vivimos en un pequeño pueblo en las afueras. La verdad es que nos gusta la tranquilidad los fines de semana y por las tardes-noches cuando volvemos del trabajo en la bella pero selvática capital. Y la naturaleza. Precisamente le estaba comentando el otro día a mi esposa que estaría bien comprar un apartamentito o algo para cuando nos jubilemos. La isla, a pesar de la maleta, nos está encantando, pero vivimos siempre con el oído pendiente del teléfono móvil por si tenemos nuevas noticias. Lo malo es que no hay cobertura en todos los lugares donde vamos. En fin, si llega, estará en recepción. Ya nos hemos hecho amigos de los diferentes recepcionistas y hacemos chistes sobre nuestra indumentaria y la dichosa maleta de los co… Aunque hay que tomarse las cosas con calma y humor, no es oro todo lo que reluce; mi esposa está obsesionada con el tema, y por lo que vosotros habréis observado, yo también, para qué negarlo.
         Pues se habrá quedado asombrado de que acuda la guardia civil a hablarle de la maleta, pero aunque la misma ya ha sido encontrada no puedo esconderles que no le traemos buenas noticias. La maleta se ha quedado en Tenerife donde ha sido encontrada en circunstancias no muy halagüeñas. Me explico, en su interior no había nada de ropa, pero eso sí, la maleta pesaba más de lo normal. El papel suele pesar bastante, pero en su caso debemos informarle de que su interior estaba lleno de varios ladrillos de cocaína. En principio no sospechamos de ustedes, sino de una red de tráfico de drogas que trabajaba obviamente de forma clandestina entre las Canarias y la Península Ibérica y de ahí se distribuía al resto de España, Portugal, incluso otros países europeos. Por tanto no sabemos que ha pasado con su ropa, pero nos tememos mucho que no la van a recobrar. Les aconsejo que en otra ocasión sean más precavidos y utilicen unos candados más eficaces para proteger su equipaje. Supongo que ya se habrán enterado de lo que ocurrió con un viaje de novios a la Riviera Maya en la que se encontraron también estupefacientes. Por tanto les aconsejamos que denuncien la situación y tengan por seguro que la Benemérita les ayudará en todas las gestiones que ustedes puedan solicitar o necesitar. Sé que es muy incómodo no poder tener su equipaje, pero les aseguro que lo es más el que en algún momento se les pudiese acusar de tráfico de drogas, de ser mulas que trabajan detrás de una red que pensábamos estaba prácticamente desarticulada, pero que parece ha renacido con nuevos contactos y personal que trabaja en el transporte de las maletas a los aviones, etc. La compañía aérea en que viajaron dispone de un seguro y les indemnizará con brevedad con una cantidad no suculenta pero suficiente como para que puedan hacerse con una nueva maleta y comprarse algo más de ropa o utilicen ese dinero como les venga en gana. Les estoy explicando esto, porque va a salir en las noticias y queríamos que fuesen ustedes avisados con antelación y no les causara ningún shock demasiado fuerte…
         Sí, por favor, ¿pueden mandar una ambulancia al hotel que le he mencionado lo más rápido posible? Es una emergencia, una señora se ha desmayado tras recibir una noticia increíble y parece que se resiente del corazón…Gracias. Señor, ya están en camino. (Desde luego lo que no pase en un hotel no pasa en otro lugar, me quejaba para mis adentros yo, el recepcionista. A medianoche acaba mi turno, pero todavía tengo que hacer el arqueo y asegurarme de que todo el dinero está en su sitio; vaya mierda…Y pobre gente la de la maleta. Por un momento pensé que iban a detenerlos, con lo majos que parecen. Aunque nunca se sabe. La gente que consideramos de lo más normal luego esconde secretos de lo más inconfesables; incluso yo puedo tener mis secretos aunque no vayan más allá de la legalidad. Ahora lo importante es que la señora se recupere y la pongan bajo observación. Cosas del oficio…).
         Ya en el Hospital Mateu Orfila, en Mahón, el marido es obligado a esperar en urgencias y su esposa es sometida a diversas pruebas después de conseguir que saliera de su estado de pérdida del conocimiento. Son las dos de la madrugada y todavía no le han llamado para que entre a ver a su esposa…La guardia civil ha cogido los datos y dado una tarjeta al señor para al día siguiente acabar con el asunto de la maleta que yo llamaría la maleta de Pandora, dado el contenido que se ha encontrado en ella y la mala influencia que ha provocado en la señora a nivel de salud. El señor también se resiente de lo ocurrido. Ya está pensando en querer volver al pueblecito de las afueras de Madrid ya que definitivamente las vacaciones no han sido nada purificadoras y piensa por un momento en no volver jamás a la isla. Pensamientos impulsivos normales en casos de esta gravedad. Lo que él no sabe o de lo que no es consciente todavía es que, a pesar de todo, se encuentra en una isla de lo más tranquila, aunque no esté exenta de delincuencia, especialmente en verano dado el trajín de gente de distintas nacionalidades y procedencias que pasa por vía aérea o marítima a un mundo lleno de encanto y magia que queda grabado en el subconsciente por mucho que se intente evitar reconocerlo o darse uno cuenta de ello.          Por fin llaman al señor Palacios y puede acudir en busca de su amada. ¿Qué pensarán en casa sus hijos ya mayores de todo lo ocurrido? Hasta el momento ha evitado ponerse en contacto con ellos por no aguarles sus propias vacaciones estivales, pero tarde o temprano tendrá que agarrar al toro por los cuernos e intentar sacar algo de bueno de todo ello. La señora Palacios tiene algo de anemia y necesita tomar alimentos salados para evitar desmayos, beber mucha agua ya que el calor en pleno mes de agosto es sofocante -aunque no tanto como en Andalucía- y la mala noticia es que parece tener una arritmia coronaria que le obligará a estar medicada hasta el fin de los días. Lo cierto es que la unión entre esta pareja se ve reforzada, y el deseo de no caer en el derrotismo se hace patente en un beso tan apasionado como los que puedan tener los adolescentes en su primera relación de pareja o escarceo amoroso. La señora va a quedar hospitalizada por lo menos dos días y el señor Palacios aprovecha que se ha dormido para llamar al hotel donde se encuentra en el auricular con el conserje de noche que toma nota de lo ocurrido y deja escrito para el próximo turno que esté enterado de lo ocurrido, aunque el recepcionista anterior ya le había dado cumplida cuenta de lo acontecido.          El hotel es uno de tres estrellas y no es de gran lujo, pero se está bien en él, aunque tiene sus problemas también, tanto en quejas de clientes por diversas razones como por carencias del propio complejo turístico. El recepcionista es el que recibe los buenos y malos comentarios, que también aparecen reflejados por las encuestas de satisfacción que se les hace cada cierto tiempo a los clientes o huéspedes del mismo. Es un trabajo psicológicamente duro en cierto modo. Uno no acaba nunca de acostumbrarse a las quejas que uno sabe no son culpa del que está en ese puesto de trabajo; pero lo mismo pasa en los hoteles de cuatro o cinco estrellas. La exigencia es mucho mayor y a veces te encuentras con gente ciertamente prepotente que no tiene en cuenta la educación a la hora de dirigirse a un simple trabajador que no es más que un mandado. Las entrevistas con el subdirector o director tienen a veces algún que otro cliente belicoso. Pero eso ya es harina de otro costal y no perderemos más tiempo en ello. Si os contara  lo que es capaz de pasar en un simple (o no tanto) hotel de playa de Menorca o de cualquier lugar, supongo yo. No es exclusivo del lugar, sino algo inherente a la condición humana. Menorca, como la adoro y que necesidad de huir tengo de vez en cuando para recargar pilas. Visitar una gran ciudad, más que vivir en ella, puede resultar muy productivo, como lo es para los que son habitantes del asfalto el poder escaparse unos días a disfrutar de la naturaleza. Siempre deseamos lo que menos tenemos; así de complejo es el ser humano, así de contradictorio quizás.
         A la señora Palacios la han tenido que sedar para obligarla a descansar y evitar un ataque de pánico o ansiedad. Por su parte, el señor Palacios se ha quedado dormido pero con una gran actividad cerebral que le provoca no sabemos bien si sueños o pesadillas.          La maleta de Pandora, como he decidido llamar a este relato, por no llamarlo caja o la expresión algo más desconocida del mito que es el de la ánfora de Pandora, ha dejado salir cierta inestabilidad en una pareja y pronto una familia en su totalidad que siempre había tenido suerte en la vida, a pesar de no vivir en ningún lujo capitalista con una vida honrada y sincera para con su círculo de trabajo y amistades y familiares; ni más ni menos que parecido a la mayoría de familias de este país. Un país que sale adelante gracias a la gran masa de trabajadores de a pie, aunque la coyuntura económica del año 2008 se cebe más que nunca en ellos. Pero las vacaciones son sagradas para algunos, y los ahorros a veces tienen que hacerse servir para celebrar un evento tan singular y normal como la de celebrar un aniversario de matrimonio si ese matrimonio en especial va viento en popa. En fin, dejémosles dormir por el momento. Mañana será otro día, peor no puede ser; el talante optimista a pesar de las vicisitudes no debería desaparecer o apagarse, es lo que llamaría yo tener madurez al saber conllevar las dificultades con cierta paciencia y positiva filosofía de vida. Pobre escritor que no para de divagar y aburrir, pensará más de una o uno. No quiero entrar en la vida privada de los señores Palacio, ya que para mi no son más que un símbolo de una familia normal con sus logros y fracasos, pero luchadora como las hay tanto en España como en el extranjero. Ejemplo de buena gente, frente a la herrumbre de unos pocos, pero a la vez numerosos delincuentes de poca y de mucha monta que a veces arruinan la vida de los demás por intereses puramente económicos que se intentan trabajar a base de salir de la legalidad y de las normas de convivencia de la mayoría.
         A las ocho de la mañana un enfermero –no sólo hay enfermeras en un hospital- aparece con la medicación para la señora de Palacios y algo de desayuno. El señor Palacios sigue durmiendo pero tendrá que ir al hotel a recoger algunas –poquísimas cosas- que guarda en la caja fuerte. Sólo quedan tres días para coger el avión. Pedro Palacios está dispuesto a terminar lo mejor posible el viaje vacacional, pero antes tendrá que hacer reclamación con ayuda de la guardia civil por el tema de la maleta. Cuando den de alta a su esposa Laura Zato, aprovecharán el día no en el agotador sol de la playa sino en visitar Ciudadela y la Fortaleza de la Mola en Mahón, además de la Naveta des Tudons. Vamos, turismo cultural parece que toca ahora. No es momento para coger una insolación o lipotimia por falta de hidratación. Y Menorca puede y ofrece mucho más que el mero sol y playa, aunque hasta el momento sea lo que prevalezca y la desestacionalización del sector terciario como el turismo sea una panacea de momento muy lejana.

Publicado el 3 de julio de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
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