Recoveco Cutrefacto

Joan Carlos Vinent


cuento



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Pseudónimo: Óscar Oporto

TAUTOGRAMA

Recoveco cutrefacto

              Obcecado, obnubilado, ofuscado, olvidado, oscuro, ostentosamente histriónico, hipostasis irreverente de la mundanal mundicia. Tenebroso esplendor de una Salamanca limpia y culta ¿o culta y limpia? Ominosamente, olisco la opima mezcla de olíbano y el omental omecillo que revuelve el omaso, donde el onanismo oncológico del oneroso oncejo opila los poros antaño pulcros de oprobio y opulencia otoñal que confundía hostia con ostra.          El ósculo osmanlí a una manceba mancillada precedió al orín oriundo del Imperio Otomano. ¿Cómo se orea la orfandad del ostracismo?

            Rincón cutre y putrefacto, recoveco cutrefacto.          Sí, tú que tan callado escondes tus memorias inextricables. De ti surge -¡oh arcano!- la vida. Tú que estás quieto y aparentemente mudo. No te preocupes, por fin saldrás del olvido porque tú me hablaste a mí, afortunado transeúnte, tú que supiste elegir y no me tomaste por mero dominguero. ¿Fuiste un error de construcción? Aunque muchos creen que eres la oveja negra, un punto, un rincón perdido e inútil, es precisamente esta circunstancia la que te hizo merecedor (y) espectador de las más insospechadas vivencias. Sí, tú eres el punto de unión entre la vida y la muerte, en ti se une lo físico y lo espiritual, lo humano y lo animal, lo superficial y profundo; en ti el laberinto de la vida encuentra una luz, una Ariadna que contrasta con tus tinieblas. ¿Acaso eres el atman, el punto de unión, el centro, la síntesis…la armonía? Tú eres eterno, la temporalidad y la cronología en el fondo no significan nada para ti. Te desprecian, pero ahí estás tú, soportando el sedimento de los años impreso sobre tu piedra dorada, por debajo, por dentro. Tus entrañas siguen intactas, tu interior incorruptible, a pesar de tu aspecto exterior. Sin embargo, tu pared sudada, no lavada…sudores de padecimientos y de gozos…Sí, recoveco cutrefacto, una verja te ¿protege? Si pudieras hablarme emitiendo sonidos inteligibles, conocería el misterio de la vida. En realidad eres inalcanzable y, sin saberlo hasta el momento, resulta que guardas el secreto del conocimiento “divino”. ¿Eres Dios? La gente observa el exterior e interior de aquello de lo que tú formas parte; quizá no seas más que una uña sucia y negra en el edificio tan… pero sin ti la pirámide de piedra quedaría derruida. Mas, ¿acaso no hace ya muchos lustros que estás espiritualmente en ruinas? El día que te hagan caso y se cobre conciencia de tu vital importancia, Salamanca podrá estar orgullosa de su historia y de un monumento tan emblemático como el que tú, con tu granito de arena, ayudas a mantener en pie, por los siglos de los siglos.
         Pero dejémonos de monsergas. Veamos qué hay incrustado en tu rincón insoslayable. Háblame, recoveco cutrefacto de vieja cátedra. Sienta cátedra, que estamos en la culta Salamanca… y limpia… -de no ser por las minas que hay que esquivar para evitar la buena suerte que regurgita del barro y de las esencias aromáticas de la creación…¿Qué me cuentas de Unamuno?
         Quizá limpien tu pared, quizá destruyan o intenten destruir, sin saberlo, tus memorias incrustadas, pero lo harán superficialmente porque aunque tú, recoveco cutrefacto, desaparezcas, el espacio geográfico seguirá ahí, a pesar de los terremotos, a pesar de la eternidad. Lo feo también es bello.                            
                                                                                  Salamanca, 10 de junio de 1999

Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal.
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