Texto: El Abanderado

Alphonse Daudet


Cuento


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Extracto de El Abanderado

—Tú tienes la bandera, mi bravo sargento; guárdala.

Y sobre su viejo uniforme de campaña, bien pasado ya a causa de la lluvia y el fuego, la cantinera sobrecosió al instante un cordoncillo dorado de subteniente.

Ese orgullo, único en su vida de humildad, irguió el cuerpo del viejo militar; y la costumbre de caminar encorvado, con los ojos bajos, se cambió desde entonces en el hábito de marchar orgullosamente, con la mirada en alto para ver flotar el fragmento de tela que se mantenía en sus manos, siempre derecho, siempre fiero, por encima de la muerte, por encima de la traición y por encima de la derrota.

Nadie ha visto, en época alguna, un hombre tan dichoso como Hormus, cuando en los días de batalla tenía el asta entre las manos afirmándola en su estuche de cuero negro. Ni hablaba ni se movía; y serio como un sacerdote, tenía el aspecto de guardar una cosa sagrada. Toda su vida y toda su fuerza estaban concentradas en esos dedos que se crispaban alrededor de un harapo glorioso sobre el cual rodaban las balas. Sus ojos llenos de fiereza miraban de frente a los prusianos y parecían decir: “Atrévanse, pues; traten siquiera de venir a robármela!…”


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Se incorporó a textos.info el 14 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 10 minutos.