Texto: El Conde de Montecristo

Alejandro Dumas


Novela


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Extracto de El Conde de Montecristo

Entretanto, el sol iba acercándose a su ocaso, por lo que temiendo Dantés ser sorprendido en las grutas durante la noche, cogió su fusil y salió al aire libre. Un pedazo de galleta y algunos tragos de vino fue­ron su cena. Después colocó la baldosa en su sitio, se acostó encima de ella y durmió, aunque pocas horas, cubriendo con su cuerpo la entrada de la gruta. Esta noche fue deliciosa y terrible al mismo tiempo, como las que había pasado ya dos o tres en su vida.

Capítulo segundo. El desconocido

Al fin amaneció. Hacía muchas horas que Dantés esperaba el día con los ojos abiertos. A los primeros rayos de la aurora se incorporó, y subiendo como el día anterior a la roca más elevada a espiar las cercanías, pudo convencerse de que la isla estaba desierta.

Levantó entonces la baldosa que cubría su gruta, llenó sus bol­sillos de piedras preciosas, volvió a componer el arca lo mejor que pu­do, cubriéndola con tierra, que apisonó bien, le echó encima una capa de arena, para que lo removido se igualase al resto del suelo, y salió de la gruta volviendo a colocar la baldosa y cubriéndola de piedras de tamaños diferentes. Rellenó de tierra las junturas, plantó en ellas ma­lezas y mirtos y las regó para que pareciesen nacidas allí, borró las hue­llas de sus pasos, impresas en todo aquel circuito, y esperó con impa­ciencia la vuelta de sus compañeros.


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Se incorporó a textos.info el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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1.448 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 día, 18 horas, 15 minutos.