Texto: El Espejo y la Campana

Lafcadio Hearn


Cuento


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Extracto de El Espejo y la Campana

Pero cuando todos los espejos donados para la campana de Mugenyama fueron enviados a la fundición, los fundidores descubrieron que uno de ellos se negaba a derretirse. Pese a sus reiterados esfuerzos, el espejo se resistía. Era evidente que la mujer que había ofrecido esa donación al templo se había arrepentido de ella. No había realizado la ofrenda de todo corazón; y su alma egoísta, aún aferrada al espejo, lo mantenía sólido y frío en el centro del horno.

Por supuesto que todo el mundo llegó a enterarse, y que todo el mundo no tardó en saber de quién era ese espejo. Y esta pública exposición de su culpa secreta sumió a la pobre mujer en la vergüenza y la ira. Incapaz de soportar la humillación, optó por ahogarse, tras redactar una carta de despedida que contenía estas palabras :

“Cuando yo haya muerto, no será difícil fundir el espejo y forjar la campana. Pero, a aquella persona que quiebre la campana al tañerla, mi espíritu le otorgará grandes riquezas.”


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Se incorporó a textos.info el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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4 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 8 minutos.