Texto: El Idilio de un Enfermo

Armando Palacio Valdés


Novela


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Extracto de El Idilio de un Enfermo

—No me parece tan mala carrera.

—Se asegura el garbanceo y nada más. Ya sabe usted que hasta se están vendiendo los mansos de las parroquias…

—¿Y cómo está usted ahora aquí, en la aldea?

—Desde el fallecimiento de mi padre (que en gloria esté) vivo en casa: los negocios no han quedado muy bien, y costará todavía algún tiempo el arreglarlos. A pesar de todo cuento, Dios mediante, cantar misa de aquí a dos años… Ea, bajémonos un poco a estirar las piernas y a tomar unpiscolabis… ¿No quiere usted echar un cuarterón o una copita, D. Andrés?

Se hallaban delante de una casucha solitaria, sobre cuya puerta tremolaba una banderita blanca y encarnada, dando testimonio de que allí se rendía culto a Baco.

—No tomo nada, pero bajaré a acompañarle a usted. Me está lastimando el diablo de la silla.

—No perderá usted el tiempo—dijo Celesto acercándose a tenerle el estribo y bajando cuanto pudo la voz.—Va usted a ver una de las mejores mozas del partido, más derecha que un pino, bien armada y bien plantada… Se chupará usted los dedos…


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Se incorporó a textos.info el 9 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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165 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 4 horas, 50 minutos.