Texto: El Mendigo

Guy de Maupassant


Cuento


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Extracto de El Mendigo

No tenía refugio, ni techo, ni choza, ni abrigo. En verano dormía en cualquier sitio, y en invierno se deslizaba bajo los trojes o en los establos con notable habilidad. Se marchaba siempre antes de que se percataran de su presencia. Conocía los agujeros para entrar en los edificios; y como el manejo de las muletas le había dado a sus brazos un vigor sorprendente, trepaba con la única ayuda de sus muñecas, hasta los sobrados del forraje donde a veces permanecía cuatro o cinco días sin moverse, cuando había hecho acopio en su recorrido de provisiones suficientes. Vivía como las bestias del bosque en medio de los hombres, sin conocer a nadie, sin querer a nadie, y no excitando entre los campesinos sino un tipo de desprecio indiferente y de hostilidad resignada. Lo habían apodado «Cloche» porque se balanceaba entre sus muletas de madera como una campana entre sus dos montantes.

No había comido desde hacía dos días. Nadie le daba ya nada. Al final nadie quería saber nada de él. Las campesinas, en el umbral de sus puertas, le gritaban desde lejos cuando lo veían llegar: «¡Quieres irte de aquí, patán! ¡No hace ni tres días que te di un trozo de pan!» Y él giraba sobre sus tutores y se iba a la casa vecina, donde era recibido de un modo similar.


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Se incorporó a textos.info el 8 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 10 minutos.