Texto: El Pastor Haíta

Ambrose Bierce


Cuento


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Extracto de El Pastor Haíta

—Oh Hastur —así rogaba—, eres bueno por haberme dado montañas tan próximas a mi vivienda y a mi corral para que yo y mis ovejas podamos escapar de los enojados torrentes. Pero debes eximir al resto del mundo de alguna manera que yo ignoro. Si no fuera así, Hastur, no podría reverenciarte más.

Y Hastur, sabiendo que Haíta era un joven de palabra, perdonaba a las ciudades y desviaba las aguas hacia el mar.

Así había vivido siempre. Nunca pudo concebir otro modo de existencia. El santo ermitaño que moraba a la entrada del valle, a una hora de distancia, y a quien oyó hablar de las grandes ciudades donde habitan los hombres —¡pobres almas!— que no tienen ovejas, no supo darle razón de aquellos tiempos lejanos durante los cuales él mismo, según infería, debió de ser pequeño e indefenso como una oveja.

Fue al pensar en esos misterios y maravillas, y en ese horrible transformarse en silencio y corrupción que alguna vez, estaba seguro, habría de ocurrirle, como vio ocurrirle a tantas de sus ovejas, como ocurría a todos los seres vivientes excepto a los pájaros, cuando Haíta por primera vez tuvo conciencia de la desdicha de su suerte.


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Se incorporó a textos.info el 26 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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6 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 11 minutos.