Texto: El Prusiano de Belisario

Alphonse Daudet


Cuento


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Extracto de El Prusiano de Belisario

«La casilla estaba al final del pueblo, la última a mano derecha, en la orilla. Estaba vacía de arriba abajo, como todas. No quedaban ni muebles ni cristales; sólo había unos haces de paja y la última pata de un sillón ardiendo en la chimenea. Todo olía a prusiano desde una legua; sin embargo, no se veía a ninguno… Me pareció que había alguien en el sótano. Allí tenía yo un banco de carpintero donde me entretenía los domingos haciendo chapuzas. Le dije al niño que me esperara un momento y bajé a ver qué pasaba.

«Nada más abrir la puerta, vi a un grueso soldado de Guillermo, que se levantaba de un montón de virutas y se dirigía hacia mí, con los ojos fuera de las órbitas, y soltando por la boca un montón de tacos que yo no entendía. Debía tener mal despertar, porque antes de que yo despegara los labios ya había agarrado su sable…

«La bilis que se me había ido acumulando a lo largo del trayecto, se me revolvió y la sangre se me subió a la cabeza. Agarré el tonelillo del banco y le propiné un buen golpe. Ya saben cómo son los puños de Belisario; bueno, pues ese día parecía que tenía rayos en el brazo. Al primer golpe, el prusiano se inclinó y cayó a todo lo largo. Pensé que sólo lo había atontado… ¡Vaya un atontamiento! ¡Lo dejé laminado por completo! ¿Qué digo? ¡Listo, liquidado!


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Se incorporó a textos.info el 14 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 9 minutos.