Texto: El Regreso de Anaconda

Horacio Quiroga


Cuento


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Extracto de El Regreso de Anaconda

— ¿Pero las lluvias necesarias? — objetaron las ratas de agua, que no podían ocultar sus dudas —. ¡No sabemos si van a venir!

— ¡Vendrán! Y antes de lo que imaginan. ¡Yo lo sé!

— Ella lo sabe — confirmaron las víboras —. Ella ha vivido entre los hombres. Ella los conoce.

— Sí, los conozco. Y sé que un solo camalote, uno solo, arrastra a la deriva de una gran creciente, la tumba de un hombre.

— ¡Ya lo creo! — sonrieron suavemente las víboras —. Tal vez de dos...

— O de cinco... — bostezó un viejo tigre desde el fondo de sus ijares —. Pero dime — se desesperezó directamente hacia Anaconda —: ¿estás segura de que los camalotes alcanzarán a cegar el río? Lo pregunto por preguntar.

— Claro que no alcanzarán los de aquí, ni todos los que puedan desprenderse en doscientas leguas a la redonda... Pero te confieso que acabas de hacer la única pregunta capaz de inquietarme. ¡No, hermanos! Todos los camalotes de la cuenca del Paranahyba y del Río Grande con todos sus afluentes, no alcanzarían a formar una barra de diez leguas de largo a través del río. Si no contara más que con ellos, hace tiempo que me hubiera tendido a los pies del primer caipira con machete... Pero tengo grandes esperanzas de que las lluvias sean generales e inunden también la cuenca del Paraguay. Ustedes no la conocen... Es un gran río. Si llueve allá, como indefectiblemente lloverá aquí, nuestra victoria es segura. Hermanos; ¡hay allá esteros de camalotes que no alcanzaríamos a recorrer nunca, sumando nuestras vidas!


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Se incorporó a textos.info el 27 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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17 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 30 minutos.