Texto: El Rey de la Montaña de Oro

Hermanos Grimm


Cuento infantil


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Extracto de El Rey de la Montaña de Oro

— No os aflijáis por esto, padre; todo se arreglará. El negro no tiene ningún poder sobre mí.

El hijo pidió al señor cura le diese su bendición, y, cuando sonó la hora, se encaminaron juntos al campo, donde el muchachito, describiendo un círculo en el suelo, situóse en su interior con su padre. Presentóse a poco el hombrecillo y dijo al viejo:

— ¿Me has traído lo que prometiste?

El hombre no respondió, mientras el hijo preguntaba:

— ¿Qué buscas tú aquí?

A lo que replicó el negro:

— Es con tu padre con quien hablo, no contigo.

Pero el muchacho replicó:

— Engañaste y sedujiste a mi padre —, dame el contrato.

— No — respondió el enano —, yo no renuncio a mi derecho.

Tras una larga discusión, convinieron, finalmente, en que el hijo, puesto que ya no pertenecía a su padre, sino al diablo, embarcaría en un barquito anclado en un río que corría hacia el mar; el padre empujaría la embarcación hacia el centro de la corriente y abandonaría al niño a su merced. Despidióse el niño de su padre y subió al barquichuelo, y su propio padre tuvo que impulsarlo con el pie. Volcó el barco, quedando con la quilla para arriba y la cubierta en el agua. El padre, creyendo que su hijo se había ahogado, regresó tristemente a su casa y lo lloró durante largo tiempo.


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Se incorporó a textos.info el 26 de agosto de 2016 por Edu Robsy.
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7 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 12 minutos.