Texto: El Saludo de las Brujas

Emilia Pardo Bazán


Novela


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Extracto de El Saludo de las Brujas

La mujer de la hamaca saltó al suelo gentilmente, y dirigiéndose a Felipe, exclamó con acento meloso:

—Buenas noches, señor Flaviani… Creíamos que nos abandonaba ya. ¡Cuántos días! Venga usted, está adelantadísimo el cuadro… y deseamos saber su opinión.

—¿Habla usted del de la Samaritana? —preguntó Felipe, fi jando a la mujer con insistencia.

—¡Ese no es más que un boceto! El tío Jorge lo ha tapado, porque no le gusta que lo vean hasta que esté en planta… No, se trata del cuadro del Salón, ¡del grande!

Viodal se apartaba, con una cortesía exagerada tal vez, con precipitación nerviosa, para dejar a Felipe que contemplase el cuadro. Era este un vasto lienzo, y las figuras de tamaño natural; Felipe haciendo como que se alejaba para ver mejor, retrocedió y se situó sin afectación detrás de todos y enteramente al lado de la mujer, que no era sino Rosario, la sobrina de Viodal; y bajando el brazo paralelamente al de la joven, tocó su mano, avisó con un golpecillo, y deslizó en ella un enrollado billete. Mientras Rosario, palpitante de emoción, cerraba el puño y alzaba la diestra disimulando en el seno, por la abertura del traje, la misiva, Felipe, sosegado, hacía con los dedos anteojo para aislar el cuadro, y lo encontraba aprisa: muy bien, energía rembranesca, valentía en las actitudes. ¡Con qué crueldad estira el brazo derecho de Cristo ese que tanto se parece a Abraham Weider, el banquero israelita!


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Se incorporó a textos.info el 8 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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195 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 5 horas, 41 minutos.