Texto: El Silbato Encantado

Alejandro Dumas


Cuento


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Extracto de El Silbato Encantado

—¡Ay!, nadie puede ayudarme, y sin embargo, tengo deseos de casarme con la hija del rey.

—No desesperes tan pronto —respondió la viejecita—; cuéntame lo que te apena, y quizá yo pueda librarte del apuro.

Nuestro pastor tenía el corazón tan apesadumbrado que no se hizo rogar mucho y le contó todo.

—¿Y sólo es eso? —preguntó la viejecita—; en tal caso haces mal en desolarte.

Y sacó de su bolsillo un silbato de marfil y se lo dio.

Aquel silbato se parecía a todos los silbatos; por eso el pastor, pensando que, sin duda, había alguna forma particular de utilizarlo, se volvió hacia la viejecita para hacerle algunas preguntas, pero ella ya había desaparecido.

Mas, lleno de confianza en aquella a la que consideraba un genio bueno, fue al día siguiente al palacio y le dijo al rey:

—Acepto, señor, y vengo en busca de las liebres para llevarlas a pastar a la pradera.

Entonces el rey se levantó y dijo a su ministro del Interior:


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Se incorporó a textos.info el 23 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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5 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 10 minutos.