Texto: El Vendedor de Pararrayos

Herman Melville


Cuento


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Extracto de El Vendedor de Pararrayos

—Señor, discúlpeme; pero en vez de aceptar su invitación a sentarme allá junto al fuego, yo le advierto solemnemente, que lo mejor que puede hacer usted es aceptar la mía y pararse a mi lado en medio de la habitación.

—¡Cielos! —añadió, con un respingo—. ¡Otro de esos atroces estruendos! ¡Se lo aviso, señor, aléjese del fuego!

—Señor Júpiter Tonante —dije yo, frotando tranquilamente mi cuerpo contra la piedra—, estoy muy bien aquí.

—¿Entonces usted es tan terriblemente ignorante —exclamó— como para no saber que la parte más peligrosa de una casa, durante una tempestad terrorífica como esta, es la chimenea?

—No, no lo sabía —respondí, alejándome involuntariamente un paso de la chimenea.

El forastero mostró tan desagradable aire de satisfacción por el éxito de su advertencia, que —otra vez involuntariamente— volví a acercarme al fuego, y me erguí en la posición más orgullosa que pude asumir. Pero no dije nada.


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Se incorporó a textos.info el 25 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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8 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 15 minutos.