Texto: La Casa del Viento

Alejandro Dumas (hijo)


Cuento


0


Twitter Facebook Google+


No hay información adicional sobre el texto "La Casa del Viento".


Extracto de La Casa del Viento

No sabemos cuál es su religión, pues ni él, ni su mujer, ni su hija, van nunca a misa los domingos, aunque tienen buena amistad con el señor cura, quien, dicho sea de paso, es una persona tan buena como inteligente. Una vez, sin embargo, lo vimos en la iglesia, en circunstancias verdaderamente tristes: durante las exequias de su madre (que aún estaba viva cuando él vino a establecerse aquí) y hasta me acuerdo de que ese día el De profundis y el Dies irae fueron entonados por una voz de hombre cuya ternura, cuya fuerza y cuyo encanto eran infinitos; según dicen, el cantor era un amigo suyo que trabaja en el teatro de los Italianos y que sólo vino para rendir un homenaje póstumo a la difunta señora. Todo el mundo lloraba menos él que fue, sin embargo, un hijo amoroso y bueno. En los últimos años de su vida la pobre anciana no podía andar y él la llevaba a tomar el sol, en brazos, como a un niño; sí, señor, se la llevaba así, contándole historias, hasta la orilla del mar donde ella solía quedarse dormida sobre la hierba, hasta que M. Barthelemy volvía a conducirla, de la misma manera, a su habitación. Su fuerza es hercúlea: cuentan que la víspera de la muerte de su madre se pasó toda la noche conversando con ella, después de haberle dicho que moriría al día siguiente. Ella también era una mujer muy valiente: había querido conocer la verdad y lo había conseguido gracias a la franqueza ruda de su hijo; en cuanto a su nuera, no quiso que supiese nada y le ordenó que se fuese a acostar, diciéndose a sí misma:


Leer


Reseñas

Este texto no ha recibido aún ninguna valoración.


Se incorporó a textos.info el 23 de junio de 2016 por Edu Robsy.
Título visto 2 veces.
22 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 38 minutos.