Texto: La Corza Blanca

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


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Extracto de La Corza Blanca

Pues, hombre, no sé en qué consistía el que tú no las topes, pues de nosotros podemos asegurarte que no bajamos una vez a las hazas que no nos encontremos rastro, y hace tres o cuatro días, sin ir más lejos, una manada que, a juzgar por la huellas, debía de componerse de más de veinte, le segaron antes de tiempo una pieza de trigo al santero de la Virgen del Romeral.

¿Y hacía qué sitio seguía el rastro?, pregunté a los peones, con ánimo de ver si topaba con la tropa. Hacía la cañada de los cantuesos, me contestaron.

No eché en saco roto la advertencia, y aquella noche misma fui a apostarme entre los chopos. Durante toda ella estuve oyendo por acá y por allá, tan pronto lejos como cerca, el bramido de los ciervos que se llamaban unos a otros, y de vez en cuando sentía moverse el ramaje a mis espaldas, pero por más que hice todo ojos, la verdad es que no pude distinguir a ninguno.

No obstante, al romper el día, cuando llevé a los corderos al agua, a la orilla de este río, como obra de dos tiros de honda del sitio en que nos hallamos, y en una umbría de los chopos, donde ni a la hora de la siesta se desliza un rayo de sol, encontré huellas recientes de los ciervos, algunas ramas desgajadas, la corriente un poco turbia y, lo que es más particular, entre el rastro de las reses las breves huellas de unos pies pequeñitos como la mitad de la palma de mi mano, sin ponderación alguna.


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Se incorporó a textos.info el 19 de agosto de 2016 por Edu Robsy.
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20 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 35 minutos.