Texto: La Dama de las Camelias

Alejandro Dumas (hijo)


Novela


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Extracto de La Dama de las Camelias

—Abran.

Los hombres obedecieron como si fuera la cosa más natural del mundo.

El ataúd era de roble, y se pusieron a desatornillar la pared superior, que hacía de tapa. La humedad de la tierra había oxidado los tornillos y no sin esfuerzos abrieron el ataúd. Un olor infecto salió de él, a pesar de las plantas aromáticas de que estaba sembrado.

—¡Oh, Dios mío, Dios mío! murmuró Armand y palideció aún más.

Hasta los sepultureros retrocedieron.

Un gran sudario blanco cubría el cadáver, dibujando algunas de sus sinuosidades. El sudario estaba casi completamente comido por un extremo, y dejaba pasar un pie de la muerta.

Yo estaba a punto de sentirme mal, y aun en el momento en que escribo estas líneas el recuerdo de aquella escena se me aparece en toda su imponente realidad.

—Démonos prisa —dijo el comisario.

Entonces uno de los dos hombres extendió la mano, se puso a descoser el sudario y, agarrándolo por un extremo, descubrió bruscamente el rostro de Marguerite.


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Se incorporó a textos.info el 19 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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201 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 5 horas, 52 minutos.