Texto: La Última Fada

Emilia Pardo Bazán


Cuento


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Extracto de La Última Fada

—Ánimo… ¡Vas a ver cosas que estremecen el corazón! —Dispuesto estoy —declaró el muchacho.

Silenciosos, se enhebraron por pasadizos estrechos, bajaron escalones de piedra, resbaladizos por la humedad, caracoles pendientes que no se acababan nunca, y al fin se detuvieron ante una fuerte y muy historiada reja de hierro. Isayo vio con asombro que en las filigranas de la reja se enredaban las ramas de un rosal, y asaltó sus sentidos penetrante fragancia. Nunca había respirado olor semejante; era algo que se subía a la cabeza, trastornando el conocimiento. Volviose, y miró intensamente a Bibiana.

—¡Madrina! —gimió suplicante. Ella luchaba consigo mismo, palpitando.

—Lindo ahijado —mandó por fin—, toma mi hoz y corta el rosal. No hay otro medio de abrirnos paso.

Él titubeaba. Le daba lástima herir con el filo aquella masa verde, donde, a la luz de las antorchas, brillaban como enormes granates las rotas flores. Y habiendo contemplado un momento el cuadro, exclamó atónito:


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Se incorporó a textos.info el 8 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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47 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 hora, 22 minutos.