Texto: Las Hadas de Francia

Alphonse Daudet


Cuento


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Extracto de Las Hadas de Francia

“Nuestras frentes, coronadas de perlas; nuestras varitas mágicas, nuestras ruecas encantadas, suscitaban en las ingenuas imaginaciones temor y admiración. Por eso nuestras fuentes permanecían cristalinas, y los arados se detenían en los caminos que protegíamos, y como —al ser más viejas que nadie— infundíamos respeto hacia lo que es viejo, de un extremo a otro de Francia se dejaban crecer los bosques y las piedras derrumbarse por sí mismas.

“Pero el siglo ha avanzado mucho. Se han inventado los ferrocarriles. Se han perforado túneles, cegado estanques, y se ha hecho tal tala de árboles, que al poco tiempo nos encontramos sin saber dónde guarecernos. Y los aldeanos han dejado poco a poco de creer en nosotras. Por la noche, cuando golpeábamos en los postigos, Robin decía: «Es el viento», y se volvía a dormir. Las mujeres hacían la colada en nuestros estanques. A partir de entonces, todo acabó para nosotras. Como vivíamos sólo de la creencia popular, al faltar ella, nos faltó todo. La magia de nuestras varitas se esfumó, y de poderosas reinas nos convertimos en viejas arrugadas y malévolas, como las hadas olvidadas, e incluso tuvimos que ganarnos el pan con nuestras manos, que no sabían hacer gran cosa. Durante algún tiempo pudieron vernos en los bosques arrastrando haces de leña seca, o cogiendo bellotas por las orillas de los caminos. Pero los guardabosques nos perseguían y los aldeanos nos lanzaban piedras. Y entonces, como todos los pobres que no pueden ganarse la vida en el lugar donde nacieron, nos fuimos a las ciudades buscando trabajo.


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Se incorporó a textos.info el 14 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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3 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 minutos.