Texto: Los Cantos de Maldoror

Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont


Poesía


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Extracto de Los Cantos de Maldoror

El dolor que me causes no será comparable a la dicha de saber que aquel que me hiere con sus manos asesinas está impregnado de una esencia más divina que la de sus semejantes. Sí, todavía es hermoso dar la vida por un ser humano y conservar la esperanza de que todos los hombres no son malos, ya que al fin hay uno que ha sabido atraer con toda su fuerza hacia sí las repugnancias desconfiadas de mi amarga simpatía...

Es medianoche; no se ve un sólo ómnibus desde la Bastilla a la Magdalena. Me equivoco: aquí aparece uno como si de súbito surgiera de debajo de la tierra. Los escasos transeúntes rezagados lo miran atentamente, pues no se asemeja a ningún otro. Hombres que tienen la mirada inmóvil, como la de un pez muerto, están sentados en la imperial. Se hallan apretujados unos contra otros y parece que hubieran perdido la vida; por lo demás, no sobrepasan el número reglamentario. Cuando el cochero da un latigazo a sus caballos, se diría que el látigo hace mover su brazo y no su brazo al látigo. ¿Qué representa este conjunto de seres extraños y mudos? ¿Son habitantes de la luna? Hay momentos en que uno se siente tentado de creerlo, pero más bien se asemejan a cadáveres. El ómnibus, con prisa por llegar a la última estación, devora el espacio y hace crujir el pavimento... ¡Se aleja!... Pero una masa informe lo persigue encarnizadamente, siguiendo sus huellas, en medio del polvo. «Deteneos, os lo ruego, deteneos... mis piernas están hinchadas por haber caminado durante toda la jornada... no he comido desde ayer... mis padres me han abandonado... ya no sé qué hacer...


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Se incorporó a textos.info el 24 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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232 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 6 horas, 46 minutos.