Texto: Los Dos Compañeros de Viaje

Hermanos Grimm


Cuento infantil


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Extracto de Los Dos Compañeros de Viaje

—A ti que estás siempre tan alegre no te viene mal conocer un poco la desgracia. Los pájaros que cantan por la mañana caen en las garras del gavilán por la tarde.

En una palabra, no le tuvo lástima.

En la mañana del quinto día, el pobre sastre no tenía ya fuerzas para levantarse. Apenas podía pronunciar una palabra en su desmayo: tenía las mejillas pálidas y los ojos encarnados. El zapatero le dijo:

—Te daré un pedazo de pan, pero a condición de que he de sacarte el ojo derecho.

El desgraciado, obligado a aceptar este horrible contrato, para conservar la vida, lloró con los dos ojos por última vez, y se ofreció a su verdugo, que le sacó el ojo derecho con la punta de su cuchillo. El sastre recordó entonces lo que acostumbraba a decirle su madre cuando era niño y le daba azotes por haberle cogido quitándola alguna golosina:

—Se debe comer todo lo que se puede, pero también se debe sufrir todo lo que no se puede impedir.

En cuanto hubo comido aquel pan que tan caro le costaba, se puso en pie y se consoló de su desgracia, pensando que vería bastante bien con un solo ojo. Pero al sexto día le volvió el hambre, y se sintió enteramente desfallecido. Cayó por la noche al pie de un árbol, y al día siguiente por la mañana le impidió levantarse la debilidad. Sentía acercarse la muerte. El zapatero le dijo:


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Se incorporó a textos.info el 23 de agosto de 2016 por Edu Robsy.
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11 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 20 minutos.