Texto: Los Dos Consolados

Voltaire


Cuento


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Extracto de Los Dos Consolados

—¡Cruel suceso! —respondió la señora; y se entregó de nuevo a su aflicción.

—Bien habrá oído mentar —siguió el consolador— a la hermosa Juana de Nápoles, que fue presa y ahorcada.

—Una idea confusa tengo de eso —dijo la afligida.

—Le contaré —añadió el otro— la aventura sucedida en mi tiempo de una soberana destronada después de cenar, y que ha muerto en una isla desierta.

—Toda esa historia la sé —respondió la dama.

—Pues le diré lo sucedido a otra gran princesa, mi discípula de filosofía. Tenía su amante, como lo tiene toda hermosa y gran princesa: entró un día su padre en su aposento, y cogió al amante con el rostro encendido y los ojos que como dos carbunclos resplandecían, y la princesa también con la cara muy encarnada. Disgustó tanto al padre el rostro del mancebo, que le sacudió la más enorme bofetada que hasta el día se ha pegado en toda su provincia. Cogió el amante las tenazas, y rompió la cabeza al padre de la dama, que estuvo mucho tiempo a la muerte, y aún tiene la señal de la herida: la princesa desatentada se tiró por la ventana, y se estropeó una pierna, de modo que aun el día de hoy se le conoce que cojea, aunque tiene hermoso cuerpo. Su amante fue condenado a muerte, por haber roto la cabeza a tan alto príncipe. Ya puede pensar en qué estado estaría la princesa, cuando sacaban a ahorcar a su amante; yo la iba a ver con frecuencia, cuando estaba ella en la cárcel, y siempre me hablaba de sus desdichas.


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Se incorporó a textos.info el 4 de junio de 2016 por Edu Robsy.
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