Texto: Los Huéspedes

Hector Hugh Munro "Saki"


Cuento


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Extracto de Los Huéspedes

—Era bastante difícil, pero hubieras podido dejar que tu marido lo atendiera la mayor parte del tiempo.

—Mi marido estaba a cincuenta millas en el monte, haciendo entrar en razón, o lo que él se imaginaba que era la razón, a la gente de un pueblito que creía que uno de sus jefes era un tigre reencarnado.

—¿Un tigre qué?

—Un tigre reencarnado, ¿has oído hablar de los hombres—lobos que son una mezcla de hombre, lobo y de mono? Bueno, en esos lugares tienen hombres—tigres, o creen que los tienen, y tengo que decir que en ese caso, hasta donde llegaban las pruebas no desvirtuadas, tenían todas las bases para creerlo. Sin embargo, como hemos renunciado a los juicios por hechicería desde hace unos trescientos años, no nos gusta que otra gente mantenga nuestras prácticas desechadas; no parece respetuoso con nuestra posición mental y moral.

—Espero que no trataras mal al obispo —dijo Anabel.

—Bueno, por supuesto era mi huésped, de modo que tenía que ser exteriormente con él, pero él era lo suficientemente falto de tacto para desenterrar incidentes de la vieja pelea y tratar de demostrar que se podía decir algo en defensa de la forma como se había portado su lado de la familia; incluso si hubiera sido así, lo cual yo no admito ni por un instante, mi casa no era el lugar para decirlo. No discutí la cuestión, pero le di permiso a mi cocinero para ir a visitar a sus ancianos padres a unas noventa millas de distancia. El cocinero de emergencia no era especialista en curris; de hecho, no creo que la cocina de cualquier manera o forma fuera uno de sus puntos fuertes. Creo que originalmente había venido como jardinero, pero como nunca pretendimos tener nada que se pudiera considerar jardín, se empleaba como ayudante del pastor de cabras, puesto en el cual entiendo que era completamente satisfactorio. Cuando el obispo supo que yo le había dado al cocinero un permiso especial e innecesario, se dio cuenta de las interioridades de la maniobra, y de ese momento en adelante escasamente nos hablamos. Si alguna vez has tenido en tu casa un obispo con quien no te hablas, te darás una idea de la situación.


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Se incorporó a textos.info el 25 de julio de 2016 por Edu Robsy.
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4 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 8 minutos.