Texto: Noche de Mayo o la Ahogada

Nikolái Gógol


Cuento


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Extracto de Noche de Mayo o la Ahogada

—¡Adiós, Ganna! —se oyó decir a la espalda de la joven, y estas palabras fueron acompañadas de un beso.

—¿Has vuelto? —dijo Ganna volviéndose, pero al ver delante de sí un mozo desconocido le dio la espalda.

—¡Adiós, Ganna! —se oyó de nuevo, y otra vez alguien la besó en la mejilla.

—¡Ya ha traído el diablo a otro! —dijo ella con enojo.

—¡Adiós, querida Ganna!

—¡Un tercero!

—¡Adiós!… ¡Adiós!… ¡Adiós, Ganna!… —y los besos llovieron sobre ella desde todas las direcciones.

—¡Pero si hay aquí toda una pandilla! —exclamó Ganna escapando a la multitud de mozos que se precipitaban a abrazarla—. ¿Cómo no se aburren de tanto besar?… ¡A fe mía que pronto no se podrá salir a la calle!

Después de estas palabras, la puerta se cerró ruidosamente y sólo se oyó correr con un chirrido el cerrojo de hierro.

II. EL ALCALDE

¿Conocen ustedes la noche ucraniana?… ¡Oh!… ¡Ustedes no conocen la noche ucraniana! ¡Fíjense bien en ella!… Desde el centro del cielo mira la luna. La inmensa bóveda celeste se ha dilatado y es más que infinita. Arde y respira. La tierra está toda cubierta de una luz plateada y el aire maravilloso es como un fresco bochorno: está lleno de languidez y mueve un océano de perfumes. ¡Noche divina!… ¡Noche encantadora!… Quietos…. inspirados están los bosques llenos de tinieblas, arrojando una inmensa sombra. Tranquilos y callados son estos estanques. El frío y la tiniebla de sus aguas se han encerrado hurañamente entre los muros verde oscuro de los jardines. Las vírgenes frondas de las acacias y de los cerezos tienden temerosamente sus raíces hacia el helado manantial, y de vez en cuando balbucean con sus hojas, enojándose e indignándose, al parecer, cuando el hermoso voluble, el viento nocturno, después de acercarse a hurtadillas, las besa. Todo el paisaje duerme. Arriba, todo respira, todo es divino, todo es solemne. Y en el alma, todo es infinito y maravilloso. Y multitud de apariciones plateadas surgen armoniosamente en su profundidad. ¡Noche divina!… ¡Noche encantadora! De repente todo resucita. Los bosques, los estanques y la estepa. Se vierte el majestuoso trueno del ruiseñor ucraniano y parece que hasta la luna se ha quedado escuchando en el centro del cielo… Como hechizada duerme la aldea sobre la colina. Es más blanca, y más brillante aún a la luz de la luna, la infinidad de jatas cuyos bajos muros se destacan en la sombra con una claridad más deslumbrante aún. Las canciones han callado. Todo está quieto. Los hombres devotos duermen ya. En alguna que otra ventana angosta hay luz todavía. Sólo junto a la puerta de la jata cena tardíamente alguna familia retrasada.


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Se incorporó a textos.info el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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36 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 1 hora, 3 minutos.