Texto: Reflejos

Lafcadio Hearn


Cuento


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Extracto de Reflejos

—Querida —dijo él—, eres más hermosa que la flor de la alubia que crece en el campo; eres más hermosa que la gallina de Bantam que hay en la granja; eres más hermosa que la carpa rosada del estanque. Espero que seas feliz con mi padre y conmigo.

Ante esas palabras, ella rió un poco y se secó los ojos.

—Ponte otro par de hakama —dijo ella—, y dame esos que llevas puestos; tienen un agujero enorme. ¡No he podido dejar de fijarme en ellos mientras duraba la boda!

Bueno, ése no era un mal comienzo, y entre una cosa y otra los dos acabaron llevándose bien, aunque, por supuesto, las cosas eran muy distintas de esa dichosa época en que el joven y el padre jamás, de la mañana a la noche, posaban sus ojos sobre un par de mangas largas ni sobre ningún obi escarlata.

Con el tiempo, siguiendo las leyes de la naturaleza, el anciano murió. Se cuenta que tuvo una buena muerte, y dejó una caja fuerte que convirtió a su hijo en el hombre más rico de los aledaños. Pero eso no consolaba al pobre muchacho, que lloraba a su padre con todo su corazón. Día y noche iba a visitar su tumba. Poco dormía o descansaba, y poca atención le prestaba a su esposa, la señora Borla, ni a sus caprichos, ni siquiera a los refinados platos que ella le ponía delante. Se quedó flaco y pálido, y ella, pobre muchacha, ya no sabía qué hacer con él. Al final le dijo:


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Se incorporó a textos.info el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
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8 páginas / Tiempo de lectura aproximado: 14 minutos.