Textos favoritos de Joan Carlos Vinent

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autor: Joan Carlos Vinent


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El Escarabajo Mendicante

Joan Carlos Vinent


cuento



El escarabajo seguía inmóvil, al igual que el mendigo que permanecía con la mano derecha abierta en acto pedigüeño. Sin embargo, el hieratismo del animal era eterno; había pasado a mejor vida, como suele decirse. Por su parte, el vagabundo en su inmovilidad escondía una gran actividad mental. Pensaba, reflexionaba acerca de tiempos acaso mejores y, a pesar de su andrajoso aspecto, mantenía sus ilusiones creadoras o creativas. En su mente garabateaba principios de novelas y relatos cortos, esbozaba poemas sin feliz final y se carcomía al pensar en el éxito de su obra literaria si hubiese gozado del momento de escribir negro sobre blanco. La pregunta, sin embargo, era evidente y quizás hasta retórica: ¿qué le impedía plasmar todo su bagaje creador y demiúrgico si de lo que no carecía era de tiempo? Llevaba medio siglo sin trabajar, dos partes de su agotadora vida; pedir limosna también cansa. Decidió acabar con los pensamientos improductivos y se dijo que las pocas monedas que obtuviera aquella tarde las destinaría a papel y bolígrafo, enseres con los que dar rienda suelta a su potencial literario. Sería un primer paso en aras de alcanzar ese sueño de ser escritor y haría lo posible por no ser mero escribidor. Su edad avanzada y problemas de salud no lo iban a arredrar en su intento más importante de su vida. No era una decisión surgida de un simple impulso; era algo muy meditado, fruto de una profunda y madura reflexión. Nuestro anónimo amigo abandonó su rigidez y se meció su grisácea barba, meditabundo. La próxima decisión, una vez tuviese los útiles imprescindibles para llevar a cabo su labor escritora, sería poner orden en su memoria y aclararse de qué poema o de qué relato corto iba a trazar primero en el papel. Los transeúntes, por su parte, lejos de imaginarse tal actividad en la materia gris del mendigo, pasaban de largo decidiendo no dar...


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 11 veces. 1 página.

La Herencia de Keireddin

Joan Carlos Vinent


novela


Todos los dragones de nuestra vida son quizás princesas que esperan de nosotros vernos bellos y animosos. Todas las cosas aterradoras no son quizá más que cosas sin socorro que esperan que nosotros las socorramos.

                                        R. M. Rilke, Cartas a un joven poeta

NOTA PRELIMINAR
Para situar cronológica y, por tanto, históricamente los hechos que aquí se van a narrar, recomiendo -a aquellos que quieran conocer con cierta rigurosidad el ámbito y clima político y social en el que, reitero, va a transcurrir la acción- la lectura de la segunda parte "Siglo XVI: Los piratas" de una obra tan importante como Conquistas y reconquistas de Menorca de Micaela Mata. Asimismo, para aquellos más perezosos, les recomendaría que, por lo menos leyesen la introducción (Apreciación histórica) y los dos epílogos -breves- existentes en esa segunda parte. Para aquellos que se nieguen rotundamente a seguir la recomendación, lo único que puedo hacer es sacar un par de acotaciones o extractos que puedan ayudarles mínimamante a entender el contexto en el que sucede una historia que, por otra parte, podría haber ocurrido o acaecido en otro momento, en otro lugar y en otras circunstancias.
Sin embargo, resulta necesario situar esta historia dado su carácter de autenticidad. La historia no es más que una mera descripción de algo que sucedió realmente, pero cuya peculiar anécdota resulta entretenida e intenta hurgar en aquellos recoveco


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 13 veces. 20 páginas.

El Alcornoque

Joan Carlos Vinent


ensayo


Érase una vez, en un pueblecito de Inglaterra de cuyo nombre quiero, pero no consigo acordarme, en una taberna de cuyo nombre sí me acuerdo -La Posada de las Ánimas- entró un estudiante de Salamanca que se encontraba en las tierras de Chaucer gracias a una beca Sócrates. Bajó las escaleras y echó un vistazo a la barra del bar; ahí se encontraba quien debía estar (a buen entendedor...). Volvió la mirada a la derecha y se encontró con que todas las mesas estaban vacías, menos una. Se acercó a esa mesa y pudo ver que había sentados cinco señores de una edad ya avanzada; alredodor de la mesa se agolpaba, aunque de forma extrañamente oordenada, un montón de espectadores, tres filas formando tres círculos atendían a lo que decía uno de los sentados. Parecía como si de la mesa surgieran los rayos del sol. El estudiante se acerca a uno de los espectadores y pregunta por el nombre del que está hablando. Le dice que es un tal Gustavo. ¿Gustavo? Verde no es, así que queda descartado el que pueda tratarse del reportero más dicharachero de Barrio Sésamo. Perilla no lleva, por lo que tampoco puede tratarse de Gustavo Adolgo Bécquer. Escucha. El tal Gustavo, que no había parado de hablar decía en ese momento: "Comme l'on serait savant si l'on connaissait bien seullement cinq à six livres"; es decir, qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros. Siguió escuchando un rato y después se acercó a la barra del bar para pedir media pinta de cerveza roja (que se ha descubierto que es buena para evitar o prevenir no sé qué cancer) y le pregunta al tabernero por el orador. Éste le responde: Es francés, creo que se llama Gustave Flaubert. Se toma la caña y se dirige con el poco dinero que le queda a la Plaza Mayor, donde se encuentra el mercado que está a punto de irse a cenar. ¡Vaya por dios! Los puestos de venta están todos vacíos, menos uno.


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Publicado el 29 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 12 veces. 8 páginas.

Náufragos

Joan Carlos Vinent


poema


Náufragos
 
I nés no es tu nombre, pero tienes su dulzura;
S elene no es tu nombre, pero tienes su hermosura;
A licia no eres, pero sí una maravilla;
B eatriz no eres, pero posees su espíritu;
E urídice no eres, por suerte tampoco soy Orfeo.
L aura de Noves no eres, pero de ella mucho tienes.
 
R oxana, algo de ella hay en ti; eres
O ndina, Ofelia,
S ilvia,
E lena, Eloísa, Escila,
N ereida, una Ninfa,
D afne, Dulcinea de Ponferrada,
E clipse de León, Éter;

C alipso, Caribdis, eres mi Castalia, Cloris, Celimena eres, de   Citerea vienes;
A frodita te envidia;
B lancanieves no es tan simpática,
O riente eres, Oriana es tu nombre. (?!)
                        
SOLUCIÓN: "Diccionario de Símbolos y Mitos", José Antonio Pérez-Rioja, 1962. Ed. TECNOS, 1994


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 11 veces. 1 página.

El Ánfora de Pandora

Joan Carlos Vinent


cuento


Estaba en el lugar indicado. Decidió esperar. Había tiempo para seguir con el plan. No podía tardar demasiado. Podrían sospechar. Arrancó la motocicleta y llegó a casa. Era una cabaña sobria pero refugio suficiente para el duro invierno que intentaba emular lugares de monotonía septentrional. Encendió la lámpara de petróleo y añadió unos troncos a los rescoldos aletargados. De entre el polvo sacó un libro deseoso de revivir en la soledad de la noche heladora. Leyó el último capítulo del libro. No le importaba el final, sino el camino. Así que ya estaba preparado para saborear cada una de las palabras de un todo que culminaba con un desenlace que resultaba absurdo sin contar con cada una de las partes esenciales que creaban armonía en una historia que cobraría valor poco a poco.         La noche húmeda seguía su curso y repiqueteaba en el tejado oxidado de la caseta del viejo mastín.         ¿Era el plan adecuado? ¿Cómo haría para zafarse de las miradas ajenas? Él conocía lo que había bajo esa pila bautismal paleocristiana, pero la prudencia evitó conocer el contenido de la ansiada caja. Después de tanto tiempo y tantos esfuerzos por encontrarla, ahora sentía que llegaba a su fin una aventura que le mantuvo vivo durante años. ¿Qué iba a hacer después? ¿Qué podría haber en la caja? ¿Iba a cambiar su vida? Y si era así, ¿para mejor o para peor? ¿Encontraría un tesoro o una caja de Pandora? ¿Realmente lo espiaban o era sólo fruto de su imaginación? Las dudas y preguntas empezaban a abrumarle. Hasta ahora había tenido una meta, un trayecto que seguir, una certidumbre en busca de algo concreto; pero esa concreción, ese algo tangible empezaba a metamorfosearse en incertidumbre, en miedo a lo desconocido, en nerviosismo, en insomnio, en inapetencia, en afán de evasión, en la búsqueda en la inmersión en otros mundos que aplazaran su decisión final.


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 14 veces. 1 página.

La danza de Schach

Joan Carlos Vinent


cuento


Hacía años que habían oído hablar de los camorristas del Apocalipsis y, sin embargo, jamás se habían cruzado con ellos. Quizá sólo se trataba de una leyenda, de un intento de amedrentarles para que se retiraran de la ciudad. Por todos era conocido el temor que desprendía sobre los anónimos transeúntes la banda de los albinos. El jefe sabía que algún día tendrían que enfrentarse, pero su peculiar código de honor imposibilitaba enfrentarse al adversario con ventaja alguna. Además, la vitalidad y la alegría de su novia eran para el jefe su mayor ataque y uno de los más preciados rincones donde refugiarse. Por ese motivo, para evitar cualquier disparidad el día del enfrentamiento (que, por cierto, se hacía de rogar) pasaba el día ensimismado intentando idear una danza, una mezcla entre lo oriental y lo occidental que reuniera, que provocara una armonía que combinara lo mejor de las artes marciales con los majestuosos bailes de salón de la época cortesana. Y si bien necesitaba un espacio y una cantidad de movimientos reglamentada, la danza debería poder transcurrir con cierta libertad y espontaneidad por parte de los distintos miembros de las dos bandas. Hacía años que buscaba la oscuridad de los apocalípticos, pero no los encontraba. Ya en el último lustro decidió recurrir a los sistemas tecnológicos más avanzados: Internet, la telefonía móvil, GPS, etc. Supuso que al ser su vestimenta oscura y el hecho de salir por la noche conseguían camuflarse de tal modo que difícilmente podían ser descubiertos. Así que el jefe albino decidió que había que tener eso en cuenta a la hora de enfrentarse. Igualdad de condiciones; por lo tanto el espacio en el que se llevaría a cabo la danza debería compaginar lo oscuro con lo luminoso, y aún así conservar la apariencia de un salón propio de los mejores palacios jamás erigidos.


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 13 veces. 2 páginas.

La mar de jaleo

Joan Carlos Vinent


cuento


Pseudónimo: Tiresias

Hace años que tengo ganas de ver el jaleo en Ciutadella el día de San Juan, pero he encontrado demasiadas dificultades para ello, demasiada gente estaba dispuesta a apresarme. Por otro lado, he de dar gracias por no encontrarme en Asia, porque allí me habrían utilizado como medicina o de adorno, con lo cual estaría disecado. Ya sé que es una utopía eso de querer vivir en directo las fiestas de los caballos, pero si tenemos en cuenta las nuevas tecnologías, todo es posible. Desde mi lugar de residencia, uno de los últimos refugios del Mediterráneo, hago una llamada a la comunidad de submarinistas para que hagan caso a mi petición. Ver el jaleo, aunque sea por la tele, creo que no es mucho pedir en compensación a tantas sesiones fotográficas de las que he sido objeto. Tantos flashes y estallidos de luz no han sido buenos para mi salud y mi vida, antes tranquila. He de reconocer que conozco cada rincón de la isla de Menorca y, por supuesto, prefiero unas zonas a otras, porque encontrarme, me he encontrado de todo, desde aguas cristalinas y puras a la peor contaminación. Hoy día procuro mantenerme alejado de la gente, pero cuando llega el verano resulta difícil la intimidad y el sosiego al que suelo estar acostumbrado. En fin, me gusta saberme querido y admirado, pero no acosado, y es que ya quedamos pocos de mi especie. He tenido muchos hijos a lo largo de mi ajetreada vida, pero pocos han sobrevivido. Escribo esto con la tinta de un calamar que me encontré hace poco muerto en S’Arenal d’en Castell, el resto lo haré con tinta de pulpo; para ello tendré que enfrentarme a ese peligroso compañero de fatigas. Por otra parte, me gustaría deciros dónde resido actualmente, en qué rincón de mi isla, pero sería peligroso para mi seguridad. En cuanto a la tele, quisiera se siguieran una serie de pautas que aseguren mi supervivencia por lo menos para el poco tiempo que me queda.


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 20 veces. 5 páginas.

Recoveco Cutrefacto

Joan Carlos Vinent


cuento


Pseudónimo: Óscar Oporto

TAUTOGRAMA

Recoveco cutrefacto

              Obcecado, obnubilado, ofuscado, olvidado, oscuro, ostentosamente histriónico, hipostasis irreverente de la mundanal mundicia. Tenebroso esplendor de una Salamanca limpia y culta ¿o culta y limpia? Ominosamente, olisco la opima mezcla de olíbano y el omental omecillo que revuelve el omaso, donde el onanismo oncológico del oneroso oncejo opila los poros antaño pulcros de oprobio y opulencia otoñal que confundía hostia con ostra.          El ósculo osmanlí a una manceba mancillada precedió al orín oriundo del Imperio Otomano. ¿Cómo se orea la orfandad del ostracismo?

            Rincón cutre y putrefacto, recoveco cutrefacto.          Sí, tú que tan callado escondes tus memorias inextricables. De ti surge -¡oh arcano!- la vida. Tú que estás quieto y aparentemente mudo. No te preocupes, por fin saldrás del olvido porque tú me hablaste a mí, afortunado transeúnte, tú que supiste elegir y no me tomaste por mero dominguero. ¿Fuiste un error de construcción? Aunque muchos creen que eres la oveja negra, un punto, un rincón perdido e inútil, es precisamente esta circunstancia la que te hizo merecedor (y) espectador de las más insospechadas vivencias. Sí, tú eres el punto de unión entre la vida y la muerte, en ti se une lo físico y lo espiritual, lo humano y lo animal, lo superficial y profundo; en ti el laberinto de la vida encuentra una luz, una Ariadna que contrasta con tus tinieblas. ¿Acaso eres el atman, el punto de unión, el centro, la síntesis…la armonía? Tú eres eterno, la temporalidad y la cronología en el fondo no significan nada para ti.


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 15 veces. 2 páginas.

En busca del bigote perdido (tempus redivivus)

Joan Carlos Vinent


cuento


[Fue en un instante, y sin embargo…fue una eternidad, y sin embargo…fue un instante de eternidad, y sin embargo…Eternidad instantánea, retorno momentáneo y eterno, intemporalidad, ubicuidad en el tiempo. Cronología insaciable y subyugante creada por el hombre para esclavizarse, por miedo a la libertad, a la falta de sistematización. Necesidad de controlar y hacer tangible el éter de la no creación. Intento de crear lo imposible de crear, aunque la ceguera de las convenciones nos haga creer en una realidad irreal. El hombre tiene la necesidad de controlar su entorno, de controlar lo incontrolable y, por tanto, crea espejismos que acaba por creerse. ¿Qué es el tiempo? No voy a ser yo quien venga a definir lo indefinible. Bastante se ha escrito sobre el tema. Bergson, Sartre, Einstein, Proust me resultan interesantes al respecto…el tiempo, tema recurrente, tema del eterno retorno. Nos da miedo porque nos da miedo lo desconocido, o respeto. Se habla del paso del tiempo. Nosotros somos los que pasamos. Evolución, historia, cronología, calendarios, relojes. ¿Por qué preocuparnos tanto por el mismo? El tiempo que se gasta en preocupaciones de este tipo –si es que el tiempo se gasta- deberíamos dedicarlo a vivir. Yo cambiaría aquello de el tiempo es oro por vivir la vida es oro]


         La siguiente historia es fruto de un instante momentáneamente eterno. Bigote (del alemán macarrónico bî Got).

         ¡Por Dios! Se hizo tatuar un bigote en el cogote. El coyote de su mujer se lo hizo rasurar (¿o se lo rasuró?) después de sesenta y tres años de cuidados intensivos; de mimos y esmeros inconmensurables. El Doctor Moustache vio como en un instante de eterna melancolía desaparecía de su faz/de la faz un amigo que no requería de su amo otra cosa que su presencia que le aliviaba los momentos de soledad.


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Publicado el 8 de mayo de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 11 veces. 3 páginas.

“Semental, querido Guasón” (Houyhnhnm, Houyhnhnm!!!)

Joan Carlos Vinent


SIN etiqueta


Un escrito surrealista...de doble lectura (literal y metafórica con mensaje subliminal).

         Era una tarde de penumbras. Los girasoles tornasolados viajaban por el ciberespacio. Nadie nos invitó; tarde de dimes y diretes… Aquelarre disfrazado de espinas de crisantemo naufragado; de juego con Dios, de conversión hacia algo mejor. Tarde de perdones jamás olvidados. Llamadas telefónicas sin destino descubierto. ¿Hay alguien ahí? Dios omnipresente, todopoderoso…perdóname por tantos prejuicios. Tú me escuchas mientras otros me tratan de loco. Bendita locura de ayeres y presentes, de tiempo malgastado.  
 
                                                                                              [...]

             [Escribo esto a la luz, al son de de It’s aBeautiful Day de U2, http://youtu.be/co6WMzDOh1o].
 
        Calma en las aguas menorquinas. Paraíso redescubierto como el Paradise Regained de John Milton. Recuerdos de infancia, de pasados de verdad y alegría constatables. Inconmensurable suspense y voraz arrepentimiento de mañanas por llegar, de nones o pares, de afirmaciones navegando a contracorriente. (Voyage, Voyage…de DESIRELESS  http://youtu.be/58MzjvvuG9Q).
                 &n


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Publicado el 1 de octubre de 2016 por Juan Carlos Vinent Mercadal. Visto 6 veces. 1 página.

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