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Quiúbole.Hola de nuevo.

Granmidas


Realidad noficcion, atentados, Madrid, Girona, Guadalajara, 11S, 11M, David


persona a la que nadie quiere acercarse; tú mismo ni te acercarías a ti. Pero un día te arreglas un poco y alguien se fija en ese cambio (o no), hablas con alguien (o no). La diferencia quizás está simplemente en tu cabeza (o no), porque alguien te ha dicho que todo son impresiones tuyas. Pero hay cosas que se notan. Hay quien actúa para ser observado y quien lo hace para pasar desapercibido. Todos sabemos que, depende de cómo sea tu físico, cómo te vistas o cómo actúes con los demás, serás un punto en el que fijarse o un punto ciego. 
Yo soy un punto ciego. Ser un punto en el que se centran los focos u observado al milímetro resulta muchas veces incómodo, pero también lo es ser invisible, o ser un punto molesto de mirar. No porque te dañe los ojos como el sol, sino porque te hace daño en el corazón.
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## Epílogo: Vuelta a reordenar ideas
Sería más fácil leerme con un *e-book* que hacerlo por aquí, pero mi inexperiencia al manejarme con eso de la autopublicación en Amazon me ha traído hasta aquí. Hoy tengo pruebas médicas, no puedo extenderme mucho. Ayer volví a acercarme a mi pasado. Mi móvil está a punto de expirar y no soy muy bueno con las copias de seguridad, nubes, etc. Veía que me esfumaba virtualmente: desaparecían los nombres de mis contactos y las fotos de mi móvil. Llevo apegado a él unos seis años. Las aplicaciones llevaban tiempo fallando una a una, pero podía seguir funcionando. No quiero, pero no me quedará otra cosa que no sea adaptarme a los nuevos cambios y dejar de utilizar aquello que usaba en el pasado para escribir o para cualquier otra cosa. 
Recuerdo mi cambio de Windows XP al 7, y después al 10 y al 11, y añoro con pena aplicaciones y webs que usaba que dejaron de poder usarse (o yo dejé de saber usarlas).


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Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.

Quiúbole.Hola de nuevo.

Granmidas


Atentados, Realidad, noficcion, Madrid, Guadalajara, Girona, 11S, 11M


persona a la que nadie quiere acercarse; tú mismo ni te acercarías a ti. Pero un día te arreglas un poco y alguien se fija en ese cambio (o no), hablas con alguien (o no). La diferencia quizás está simplemente en tu cabeza (o no), porque alguien te ha dicho que todo son impresiones tuyas. Pero hay cosas que se notan. Hay quien actúa para ser observado y quien lo hace para pasar desapercibido. Todos sabemos que, depende de cómo sea tu físico, cómo te vistas o cómo actúes con los demás, serás un punto en el que fijarse o un punto ciego. Yo soy un punto ciego. Ser un punto en el que se centran los focos u observado al milímetro resulta muchas veces incómodo, pero también lo es ser invisible, o ser un punto molesto de mirar. No porque te dañe los ojos como el sol, sino porque te hace daño en el corazón. --- ## Epílogo: Vuelta a reordenar ideas Sería más fácil leerme con un *e-book* que hacerlo por aquí, pero mi inexperiencia al manejarme con eso de la autopublicación en Amazon me ha traído hasta aquí. Hoy tengo pruebas médicas, no puedo extenderme mucho. Ayer volví a acercarme a mi pasado. Mi móvil está a punto de expirar y no soy muy bueno con las copias de seguridad, nubes, etc. Veía que me esfumaba virtualmente: desaparecían los nombres de mis contactos y las fotos de mi móvil. Llevo apegado a él unos seis años. Las aplicaciones llevaban tiempo fallando una a una, pero podía seguir funcionando. No quiero, pero no me quedará otra cosa que no sea adaptarme a los nuevos cambios y dejar de utilizar aquello que usaba en el pasado para escribir o para cualquier otra cosa. Recuerdo mi cambio de Windows XP al 7, y después al 10 y al 11, y añoro con pena aplicaciones y webs que usaba que dejaron de poder usarse (o yo dejé de saber usarlas).


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Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.

Quiúbole.Hola de nuevo.

Granmidas. IAquiúbole


Realidad, noficcion, Guadalajara, Girona, Madrid, 11s, 11m, atentados, recuerdos, actualidad


# IAquiúbole
## Prólogo: El destello de la memoria
Hay momentos en la vida que hacen que todo se encauce hacia una dirección, aunque a veces haya que dar mil rodeos para llegar al destino. Y es aquí donde me encuentro. No sé cuánto tiempo después, tampoco sé si estoy en el camino correcto. ¿Lo hay? Vete a saber. 
Solo sé que algo me hizo *flash* mientras leía el libro de Guillaume Musso, *¿Estarás ahí?*. Un destello que me recordó a un libro que no encontré en ninguno de mis dispositivos informáticos: ni en el lector de *e-books*, ni en el ordenador, ni en mis escritos. No estaba ahí; se había perdido para siempre en algún lugar de mi subconsciente. Pensé que jamás lo encontraría, porque tengo una memoria nefasta para los títulos y los argumentos. No recuerdo los finales de las películas ni de los libros, ni siquiera el nombre de los personajes importantes. 
Supongo que eso nos pasa a todos. Por eso necesitamos los ordenadores: para que constantemente nos recuerden las cosas que no logramos retener en la cabeza. Hay tanta información volando por ahí que es imposible retenerlo todo. 
Pues sí, el libro que recordé gracias a ChatGPT se titula *Volver a empezar*, de Ken Grimwood. Espero que, al escribirlo por aquí, no lo olvide nunca más. Quién sabe hasta dónde llegará este escrito; Dios dirá. No soy un escritor de renombre, posiblemente no escriba ninguna novela. A lo mejor me muero en un par de meses o vivo unos cuantos años más; estoy pendiente de unas pruebas médicas que no me convencen demasiado. No quise mirar los síntomas y los médicos tampoco han sido muy claros. Ya se sabe: antes de darte una mala noticia, la prolongan en el tiempo y se aseguran muy bien de que todo sea correcto y no haya vuelta de hoja. 
Volvamos al tema central: cómo descubrí este libro y lo que me ha hecho pensar.


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12 págs. / 22 minutos / 13 visitas.

Publicado el 4 de junio de 2026 por Granmidas.

Cantos

Giacomo Leopardi


Poesía, antología


Dos palabras

Con la mayor desconfianza y temiendo haber cometido más de una profanación sacrílega, presento á los escasos aficionados inteligentes de nuestro país, en un pequeño volumen, la traducción en verso castellano de diez cantos de Leopardi, cuya mayor parte he ido publicando en diversos periódicos.

La literatura castellana no es rica en traducciones de los grandes poetas extranjeros, pues la natural indolencia de nuestra raza repugna emprender una tarea tan ardua y escabrosa como generalmente mal apreciada. Créese por lo común que el traductor es un simple copista de bellezas agenas, y este error lamentable, oscureciendo injustamente los méritos del traductor, arredra y desanima á los que, con aptitudes para serlo, quizá recogieran en esa senda lauros que en vano pretenden alcanzar con producciones originales. De ahí que sea tan común el tropezar con traducciones en prosa de poetas extranjeros, verdaderas traiciones y calumnias del original, pues no cabe fidelidad alguna en traducir en prosa lo que ha sido pensado y escrito en verso. Rota por tan extraña manera la unión íntima del pensamiento y la forma que hay en toda verdadera obra de arte, deja ésta de ser una figura viva para convertirse en esqueleto. Pero, ¡qué hacer! la tarea queda así infinitamente facilitada, y luego la pereza, esa madre maldecida de tantas ideas frívolas y perniciosas, se encarga de hacer creer á los inocentes que las traducciones en prosa son más fieles, que conservan mejor el pensamiento, etc., etc.

Si todo el secreto del traductor estuviera en verter exactamente los pensamientos del original, su obra sería una obra muerta, y por lo tanto, esencialmente infiel. Pero la poesía no estriba precisamente en los pensamientos en sí, sino en la fuerza y calor con que están sentidos y pensados, y en la belleza artística con que exteriormente se les manifiesta.


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Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 24 visitas.

Publicado el 31 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

El Dulce Daño

Alfonsina Storni


Poesía


El dulce daño

Así

Hice el libro así:
Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.


Mariposa triste, leona cruel,
Dí luces y sombras todo en una vez.
Cuando fuí leona nunca recordé
Cómo pude un día mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.


Encogida a ratos y a saltos después
Sangraron mi vida y a sangre maté.
Sé que, ya paloma, pesado ciprés,
O mata florida, lloré y más lloré.
Si comiendo sales, si robando miel,
Los ojos lloraron a más no poder.
Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,
Ser rosa o espina, azúcar o hiel.


Así voy a curvas con mi mala sed
Podando jardines de todo jaez.

Este grave daño

Este grave daño que me da la vida,
Es un dulce daño, porque la partida
Que debe alejarme de la misma vida
Más cerca tendré.


Yo llevo las manos brotadas de rosas,
Pero están libando tantas mariposas
Que cuando por secas se acaben mis rosas
Ay, me secaré.

Ligeras

Sábado

Levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores; bajé a los jardines
Y besé las plantas;
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde, mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas migajas.


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Dominio público
26 págs. / 45 minutos / 52 visitas.

Publicado el 30 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

La Catástrofe

Nicolás Tasín


Novela, Ciencia ficción


Primera Parte

I

En la sesión extraordinaria de la Academia Francesa, celebrada el 27 de marzo de 1967, fueron designados con el nombre de zootauros.

Nadie hubiese podido decir por qué los monstruos fueron bautizados con un nombre semejante y no con otro cualquiera. El propio autor de la designación, el eminente académico Mauricio Lemercier, célebre por sus trabajos científicos sobre los mosquitos pantanosos de la Patagonia, se habría visto en un apuro para explicarla con su lucidez habitual.

La sesión de la Academia, por otra parte, se desarrolló en una atmósfera de extrema angustia, casi de pánico; es decir, en condiciones poco favorables para poder deliberar con calma. Los "inmortales" parecían hombres sorprendidos por la tempestad en plena mar y seguros de su pérdida inevitable. Pálidos, con los ojos desencajados, se frotaban las manos como para ahuyentar el frío, a pesar de la calefacción que habia en la sala. Hablaban en voz baja, casi en susurro, cual si tuvieran miedo de ser oídos por un ser invisible escondido allí cerca.

—¿Los ha visto usted?

—Yo, no. ¿Y usted?

—Tampoco. Pero mi ayudante sí los vió.

—Y ¿qué dice?

—Su sorpresa y su horror fueron tales, que cayó al suelo sin sentido, y no se acuerda de otra cosa.

—Y ¿dónde se encontraba en aquel momento?

—En la calle, cerca del Panteón. Volvía de una reunión científica que se había prolongado más tiempo que de costumbre. La noche era oscura y el cielo estaba cubierto de espesas nubes, que no traspasaba la luz de una sola estrella. Mi ayudante se acuerda perfectamente de haber mirado el reloj dos o tres minutos antes de la catástrofe: era la una y treinta y cinco minutos de la mañana.


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Dominio público
242 págs. / 7 horas, 4 minutos / 91 visitas.

Publicado el 26 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Débora

Pablo Palacio


Novela corta


Después de todo:
a cada hombre hará un guiño la amargura final.
Como en el cinematógrafo —la mano en la frente, la cara echada atrás—, el cuerpo tiroides, ascendente y descendente, será un índice en el mar solitario del recuerdo.

Teniente

has sido mi huésped durante años. Hoy te arrojo de mí para que seas la befa de los unos y la melancolía de los otros.

Muchos se encontrarán en tus ojos como se encuentran en el fondo de los espejos.

Como eres hombre, pudiste ser capataz o betunero.

¿Por qué existes? Más valiera que no hubieras sido. Nada traes, ni tienes, ni darás. Algunos inflan el pecho, y no quieren saber que lo han inflado con el viento del vecino. Todos han inflado su pecho con el viento de sus vecinos, y después, muy serenamente, han cruzado los brazos bajo las costillas falsas, como diciendo, «¿quiénes son esos granujas?». Es verdad que eres inútil. Pero te sostiene la misma razón que a Juan Pérez y Luis Flores. He puesto frente a frente

El vacío de la vulgaridad y la tragedia de la genialidad

y veo que te conviene más lo primero. Siendo ridículo, corresponde a tus valores el signo matemático - (ridículo), en contraposición al enorme + que ahogará a los martirizados por aquella tragedia.

A los geniales les atraganta el momento genial como el bolo a los atragantados.

Es por esto que eres vulgar. Uno de esos pocos maniquíes de hombre hechos a base de papel y letras de molde, que no tienen ideas, que no van sino como una sombra por la vida: eres teniente y nada más.


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Dominio público
32 págs. / 56 minutos / 54 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Vida del Ahorcado

Pablo Palacio


Novela corta


Primera mañana de mayo

Ocurre que los hombres, el día una vez terminado, suelen despedirse de parientes y amigos y, aislándose en grandes cubos ad-hoc, después de hacer las tinieblas se desnudan, se estiran sobre sus propias espaldas, se cubren con mantas de colores y se quedan ahí sin pensamiento, inmóviles, ciegos, sordos y mudos. Ocurre también generalmente que estos mismos hombres, transcurrido ya cierto tiempo, de improviso se sienten vueltos a la vida y comienzan a moverse y a ver y a oír como desde lejos. Ya cerca, un mínimo número de esos mismos hombres introducen sus pellejos en agua, bufan, tiritan y silban. Luego ocultan todo su cuerpo en telas especiales, dejando fuera sólo sus aparatos más indispensables para ponerse en relación con sus vecinos y abandonan esos grandes cubos, con los párpados hinchados y amarillos.

Ahora bien: en este momento yo he despertado. Fue así de improviso, como hacer luz, como apagar la luz. Estiro la pierna, amigo mío, y veo en donde he despertado. Este es un cubo parecido a aquél en que todos los hombres despiertan. Se puede ver aquí medianamente, ya es de día. Ya es la hora de ayer, compañero. Está todo en su sitio.

Pero los párpados vuelven a cerrárseme, pero ya es la hora de ayer.

—Andrés —silba una voz bajita.

Me incorporo de un salto. Escucho. ¿Quién me ha llamado? Aquí no puede haber otra voz que la mía. Retengo el aliento. Me levanto de puntillas, todos los sentidos abiertos. Es preciso observar, que en este cubo hay algo peligroso.


Venid, entrad, señoras y señores burgueses, señoras y señores proletarios. Entrad vosotros los expulsados de todo refugio y los descontentos de todos ellos. Entrad todos vosotros, compatriotas de este chiquito país. Vos, compatriota obeso; vos, compatriota esmirriado; vos, compatriota de la nariz de salchicha; vos, compatriota empolvado; vos, compatriota romántico; vos, compatriota aburrido; vos, vos, vos.


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Dominio público
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 28 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

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