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Los Parisienses en Provincias

Honoré de Balzac


Novela


El ilustre Gaudissart

A madame la duquesa de Castries.

El viajante de comercio, personaje desconocido en la antigüedad, ¿no es acaso una de las más curiosas figuras creadas por las costumbres de la época actual? ¿No está destinado, en un cierto orden de cosas, a señalar la gran transición que, para los observadores, une la época de las explotaciones materiales a la de las explotaciones intelectuales? Nuestro siglo aliará el reinado de la fuerza aislada, abundante en creaciones originales, con el reinado de la fuerza uniforme, pero niveladora, que iguala los productos, lanzándolos en masa y obedeciendo a un pensamiento unitario, última expresión de las sociedades. ¿No vienen invariablemente las tinieblas de la barbarie, después de las saturnales del espíritu generalizado, tras de los últimos esfuerzos de civilizaciones que acumulan los tesoros de la tierra en un punto? En cuanto al viajante, ¿no es a las ideas lo que nuestras diligencias son respecto a las cosas y a los hombres? Él las acarrea, las pone en movimiento, las hace entrechocar; adquiere su carga de rayos, en el centro luminoso, para sembrarlos a través de las poblaciones adormecidas. Este piróforo humano es un sabio ignorante, un engañador engañado, un sacerdote incrédulo que sólo sabe hablar bien de sus misterios y de sus dogmas. ¡Curiosa figura! Este hombre lo ha visto todo, lo sabe todo y conoce a todo el mundo. Saturado de los vicios de París, puede fingir la sencillez de la provincia. ¿No es el anillo que une al pueblo con la capital, aunque en el fondo no sea parisiense ni provinciano, pues es un viajero? No ve nada a fondo; sólo aprende los nombres de personas y lugares; únicamente aprecia la superficie de las cosas; tiene su metro particular para medirlo todo por el mismo rasero; por último, su mirada resbala sobre los objetos, sin atravesarlos.


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 6 veces. 245 páginas.

Los Campesinos

Honoré de Balzac


Novela


Dedicatoria

A M. P. —S. B. Gavault

En el encabezamiento de La Nouvelle Heloïse, Juan Jacobo Rousseau escribió las siguientes palabras: He observado las costumbres de mi tiempo y he publicado estas cartas. ¿No puedo decir yo, imitando a ese gran escritor: Estudio la marcha de mi época y publico este libro?

La finalidad de este estudio, de una escalofriante sinceridad, en tanto que la sociedad quiera hacer de la Filantropía un principio en vez de considerarla como un accidente, consiste en poner de relieve los principales personajes de un pueblo olvidado por tantas plumas únicamente preocupadas en hallar temas nuevos. Dicho olvido no es quizá otra cosa que prudencia, en unos tiempos en los que el pueblo hereda de todos los cortesanos de la realeza. Se ha hecho poesía con los criminales, se ha sentido lástima por los verdugos, y casi se ha llegado a deificar al proletario. Las sectas se han conmocionado y exclaman por medio de todas sus plumas «¡Trabajadores, levantaos!», del mismo modo que en el Tercer Estado se exclamaba: «¡Levántate!». Se comprueba perfectamente que ninguno de estos Eróstratos ha tenido el valor de llegar hasta el fondo del campo para estudiar en él la conspiración permanente de los que aún seguimos calificando de débiles contra los que todavía se consideran fuertes, de los campesinos contra los ricos… Se trata únicamente de hacer algo de luz sobre el asunto, no de legislar para hoy, sino de pensar en el mañana. En medio del vértigo democrático a que se entregan tantos escritores ciegos, ¿no es urgente que se describa por fin a ese campesino que hace que los Códigos sean inaplicables al lograr que la propiedad se convierta en algo que no es? Vais a ver la obra de ese infatigable zapador, de ese roedor que tritura y divide el suelo, lo parte, y corta una parcela de tierra en cien pedazos, continuamente invitado a este festín por una...


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 4 veces. 383 páginas.

La Luna de Miel

Honoré de Balzac


Novela


Primera parte: Los adúlteros bajo la roca

I. De los viajes en sus relaciones con el matrimonio

En la semana siguiente, tras la misa nupcial que según el uso de algunas familias del faubourg Saint-Germain se celebró a las siete en Santo Tomás de Aquino, Calixto y Sabina montaron en un bonito coche de viaje, en medio de los abrazos, felicitaciones y lágrimas de una veintena de personas agrupadas bajo la marquesina de la mansión de los Grandlieu. Las felicitaciones provenían de los cuatro testigos y demás hombres; las lágrimas se veían en los ojos de la duquesa de Grandlieu y de su hija Clotilde, que temblaban agitadas por un mismo pensamiento.

—¡Allá va, lanzada a la vida! Pobre Sabina, que está a merced de un hombre que no se ha casado completamente a gusto.

El matrimonio no se compone únicamente de placeres tan fugitivos en ese estado como en cualquier otro, sino que implica la conformidad de humores, simpatías físicas y concordancia de caracteres que hacen de esta necesidad social un eterno problema. Las muchachas solteras, lo mismo que las madres, conocen los términos y los peligros de esta lotería; esta es la razón de que las mujeres lloren cuando asisten a una boda, mientras que los hombres sonríen; los hombres creen que no aventuran nada; las mujeres saben bastante bien lo que arriesgan.

En otro coche, que precedía al de los novios, iba la baronesa Du Guénic, a quien la duquesa se acercó a decirle:

—Usted es madre, aunque no haya tenido más que un solo hijo; ¡procure reemplazarme cerca de mi querida Sabina!

En el pescante de este coche se veía un lacayuelo que servía de mandadero, y en la parte de atrás iban dos camareras. Los cuatro postillones, vestidos con sus mejores uniformes —ya que cada coche iba tirado por cuatro caballos—, llevaban todos ramos en los ojales y cintas en los sombreros, que el...


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 3 veces. 121 páginas.

Beatriz

Honoré de Balzac


Novela


Dedicatoria A SARA

Señora:

En tiempo claro, a orillas del Mediterráneo, por donde otrora se extendía el elegante imperio de su nombre, el mar deja ver a veces, bajo la gasa de sus aguas, una flor marina, maravilla de la naturaleza; el encaje de sus filamentos teñidos de púrpura, de pardo, de rosa, violeta u oro, la frescura de sus vivientes filigranas, el terciopelo de su tejido, todo se marchita en cuanto la curiosidad la extrae y la expone sobre la arena. De igual modo el sol de la publicidad ofendería la piadosa modestia de usted. Por eso yo, al dedicarle esta obra, debo callar un nombre que ciertamente constituiría un orgullo para ella; mas, al amparo de este semisilencio, sus manos magníficas podrán bendecirla; su frente sublime podrá inclinarse sobre ella ensoñando; sus ojos, llenos de amor maternal, podrán sonreiría, ya que usted estará en ella presente y oculta a la vez. Igual que aquella perla de la flora marina, usted permanecerá en la arena fina, tupida y blanca del fondo, donde florece su hermosa vida, escondida por las ondas, diáfana solamente para algunos ojos amigos y discretos.

Hubiese querido poner a sus pies una obra en armonía con sus perfecciones; pero si esto es imposible, al menos, como consuelo, espero satisfacer uno de los instintos de usted ofreciéndole algo que tomar bajo su protección.

DE BALZAC

Aux Jardies, diciembre 1836.

Primera parte: Una familia patriarcal

I. Un pueblo de Bretaña

Francia, y Bretaña particularmente, posee aún hoy algunos pueblos completamente al margen del movimiento que da al siglo XIX su fisonomía. Carente de comunicaciones rápidas y regulares con París, apenas ligadas por un mal camino con la subprefectura o el centro comarcal de que dependen, esos pueblos oyen y ven pasar la civilización nueva como un espectáculo, del que se...


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 3 veces. 250 páginas.

Gambara

Honoré de Balzac


Novela corta


Al Señor Conde AUGUSTO-BENJAMIN DE BELLOY

Mi querido conde:

Es al rincón del fuego, en un misterioso y espléndido retiro que ya no existe, pero que vivirá en nuestro recuerdo y de donde nuestros ojos descubrían París, desde las colinas de Bellevue hasta el Arco de Triunfo de la Estrella, que, cierta mañana regada de té, y a través de las mil ideas que nacen y se extinguen como cohetes en vuestra centelleante conversación, que usted, pródigo de espíritu, arrojó bajo mi pluma a este personaje digno de Hoffmann, ese portador de tesoros ignotos, ese peregrino sentado a la puerta del paraíso, con oídos para escuchar los cantos de los ángeles y que, no teniendo lengua para repetirlos agitando sobre las teclas de marfil dedos rotos por las contracciones de la inspiración divina, creyendo expresar la música del cielo a estupefactos auditores. Vos habéis creado a Gambara; yo solamente lo he vestido. Permitidme dar al César lo que pertenece al César, lamentando que no esgrimáis la pluma en una época en que los gentilhombres deben servirse tan bien de ella como de su espada, a fin de salvar su país. Vos podéis no pensar en vos mismo, pero, sin embargo, nos debéis vuestro talento.

Vuestro sincero amigo,

De Balzac

En los Jardies, febrero de 1839

I. De cómo un noble milanés, al seguir a una mujer, se topó con un compositor sospechoso de estar loco

El primer día del año de 1831 vaciaba sus cucuruchos de bombones, sonaban las cuatro, había una muchedumbre en el Palais-Royal y comenzaban a llenarse los restaurantes. En aquel momento, un cupé se detuvo ante la escalinata, saliendo de él un hombre joven de altivo porte, indudablemente extranjero; de otro modo no habría tenido lacayo de plumas aristocráticas ni los escudos de armas que los héroes de Julio perseguían aún.


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 2 veces. 70 páginas.

Massimilla Doni

Honoré de Balzac


Novela corta


AL SEÑOR JACQUES STRUNZ

Mi querido Strunz: Pecaría de ingratitud si no ligara vuestro nombre a una de las dos obras que yo no habría podido escribir sin vuestra paciente complacencia y vuestras atenciones. Hallad, pues, aquí, un testimonio de mi agradecida amistad, por el valor con que habéis intentado, acaso sin éxito, iniciarme en las profundidades de la ciencia musical. Mas siempre me habréis enseñado lo que el genio oculta de dificultades y de trabajos en esos poemas que son para nosotros fuente de divinos placeres. Me habéis también procurado más de una vez la pequeña diversión de reír a costa de más de un pretendido experto. Algunos me tachan de ignorancia, sin sospechar, ni los consejos que debo a uno de los mejores críticos musicales, ni vuestra concienzuda asistencia. Acaso haya, sido yo el más infiel de los secretarios. De ser así, ciertamente que me consideraría un traicionero traductor sin saberlo, mas, no obstante, quiero poder preciarme siempre de ser uno de vuestros amigos.

De Balzac.

París, mayo 1839.

I. LOS DOS AMORES

Como lo saben los entendidos, la nobleza veneciana es la primera de Europa. Su Libro de Oro ha precedido a las Cruzadas, época en la que Venecia, resto de la Roma imperial y cristiana que se sumergió en las aguas para escapar de los bárbaros, ya poderosa, ya ilustre, dominaba el mundo político y comercial. Salvo algunas excepciones, esa nobleza está hoy enteramente arruinada. Entre los gondoleros que conducen a ingleses, a los que la historia muestra allí su porvenir, se hallan vástagos de antiguos dogos, cuya raza es más antigua que la de los soberanos. Sobre un puente bajo el cual pasará vuestra góndola, admiraréis a una sublime muchacha mal vestida, pobre criatura que acaso pertenezca a una de las más ilustres razas patricias. Cuando un pueblo de reyes está así, necesariamente se topan en él caracteres singulares.


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 2 veces. 96 páginas.

Jesucristo en Flandes

Honoré de Balzac


Cuento


A Marcelina Desbordes-Valmore

A vos, hija de Flandes, de la que
sois una de las modernas glorias,
dedico esta ingenua tradición
de vuestro país.

De Balzac.

En una época bastante indeterminada de la historia brabanzona, las comunicaciones entre la isla de Cadzant y las costas de Flandes estaban mantenidas por una barca destinada a transportar viajeros. Middelbourg, capital de la isla, más tarde tan célebre en los anales del protestantismo, contaba apenas con doscientos o trescientos hogares. La rica Ostende era un abra desconocida, flanqueada de una aldea escasamente poblada por algunos pescadores, por comerciantes pobres y por corsarios impunes. Sin embargo, la aldea de Ostende, compuesta de una veintena de casas y de trescientas cabañas, chozas o tugurios construidos con restos de navíos naufragados, disfrutaba de un gobernador, de una milicia, de horcas patibularias, de un convento y de un burgomaestre, de todos los órganos en fin de una civilización adelantada. ¿Quién reinaba entonces, en Brabante, en Flandes, en Bélgica? Sobre este punto, la tradición es muda. Confesémoslo: esta historia se resiente singularmente de lo vago, lo incierto, lo maravilloso que los oradores favoritos de las veladas flamencas se han recreado muchas veces en derramar en sus glosas, tan diversas de poesía, como contradictorias en los detalles. Relatada de época en época, repetida de hogar en hogar por los cuentistas de día y de noche, esta crónica ha recibido de cada siglo un tono diferente. Semejante a esos monumentos dispuestos según el capricho de las arquitecturas de cada época, pero cuyas masas negras y desgastadas por la acción del tiempo gustan a los poetas, causaría la desesperación de los comentadores, de los desmenuzadores y pulidores de frases y palabras, de acontecimientos y de fechas. El narrador cree en ella, como todos los espíritus supersticiosos...


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 4 veces. 20 páginas.

Melmoth Reconciliado

Honoré de Balzac


Cuento


AL SEÑOR
GENERAL BARÓN DE POMMEREUL

En recuerdo de la constante
amistad que unió a nuestros padres
y que subsiste entre los hijos.

De Balzac.

Hay una clase de hombres que la civilización obtiene en el reino social, de la misma manera que los floricultores crean en el reino vegetal, cultivándola en el invernadero, una especie híbrida que no pueden reproducir ni por semilla ni por esqueje. Un hombre de esta clase es un cajero, verdadero producto antropomórfico, regado por ideas religiosas, mantenido por la guillotina, escamondado por el vicio, y que brota en un tercer piso, entre una esposa amable y unos hijos fastidiosos. El número de cajeros en París será siempre un problema para el fisiólogo. ¿Se han comprendido alguna vez los términos de la proposición en la que la X conocida es un cajero? ¿Encontrar un hombre que esté constantemente en presencia de la fortuna como un gato delante de un ratón enjaulado? ¿Encontrar un hombre que tenga la propiedad de permanecer sentado en una butaca, dentro de una casilla enrejada, sin tener que dar en ella más pasos que en su camarote un teniente de navío durante las siete octavas partes del año, y durante siete u ocho horas al día? ¿Encontrar un hombre al que en este oficio no se le anquilosen las rodillas ni las apófisis de la pelvis? ¿Un hombre que tenga la suficiente grandeza de ser pequeño? ¿Un hombre que pueda hastiarse del dinero, de puro tenerlo en las manos continuamente? Pedid este producto a alguna religión, a alguna moral, a algún colegio, a la institución que sea, y dadles París, esta ciudad de las tentaciones, esta sucursal del infierno, como el medio en el que pueda ser plantado el cajero. Pues bien, las religiones desfilarán una tras otra; los colegios, las instituciones, las morales, todas las leyes humanas, grandes y pequeñas, vendrán a vosotros como viene un amigo íntimo al que le pedís un billete de mil francos.


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 2 veces. 53 páginas.

Papá Goriot

Honoré de Balzac


Novela


Al grande e ilustre Geoffrey Saint Hilaire,
como testimonio de admiración
por su labor y su talento.

De Balzac.

I. Una pensión burguesa

La señora Vauquer, de soltera De Conflans, es una anciana que desde hace cuarenta años regenta una pensión en la calle Neuve-Sainte-Geneviève, entre el barrio latino y el de Saint-Marcel. Esta pensión, conocida bajo el nombre de Casa Vauquer, admite tanto a hombres como mujeres, jóvenes y ancianos, sin que las malas lenguas hayan atacado nunca las costumbres de tan respetable establecimiento. Pero también es cierto que desde hacía treinta años nunca se había visto en ella a ninguna persona joven, y para que un hombre joven viviese allí era preciso que su familia le pasara mensualmente muy poco dinero. No obstante, en el año 1819, época en la que da comienzo este drama, hallábase en Casa Vauquer una joven pobre. Aunque la palabra drama haya caído en descrédito por el modo abusivo con que ha sido prodigada en estos tiempos de dolorosa literatura, es preciso emplearla aquí: no que esta historia sea dramática en la verdadera acepción de la palabra; pero, una vez terminada la obra, quizás el lector habrá derramado algunas lágrimas intra muros y extra. ¿Será comprendida más allá de París? Nos permitimos ponerlo en duda. Las particularidades de esta historia llena de observaciones y de colores locales no pueden apreciarse más que entre el pie de Montmartre y las alturas de Montrouge, en ese ilustre valle de cascote continuamente a punto de caer y de arroyos negros de barro; valle repleto de sufrimientos reales, de alegrías a menudo ficticias, y tan terriblemente agitado que se precisa algo exorbitante para producir una sensación de cierta duración.

Sin embargo, encuéntranse en él de vez en cuando dolores que la acumulación de los vicios y de las virtudes hace grandes y solemnes:...


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 3 veces. 286 páginas.

Úrsula Mirouet

Honoré de Balzac


Novela


A la señorita Sofía Surville

Es un verdadero placer, sobrina querida, el dedicarte un libro cuyo tema y detalles han recibido la aprobación, tan difícil de obtener, de una joven que aún desconoce el mundo, que no transige con ninguno de los nobles principios de una santa educación. Vosotras, las jóvenes, constituís un público temible; porque no se os deja leer más que los libros que son puros como vuestra alma, y se os prohíben ciertas lecturas, de la misma manera que se os impide ver la sociedad tal como es. ¿No es, entonces, un motivo de orgullo para un autor el hecho de haber agradado? ¡Quiera Dios que no te haya engañado el afecto que me profesas! ¿Quién nos lo dirá? El porvenir, que tú lograrás ver, pero que quizá ya no verá

Tu tío,
BALZAC.

I. Los herederos alarmados

Al entrar en Nemours por el lado de París, se pasa por el canal del Loings, cuyos ribazos forman a la vez muros campestres y pintorescos paseos que adornan aquella linda ciudad. Desde el año 1830, por desgracia, se han construido varias casas del lado de acá del puente. Si sigue aumentando esta especie de arrabal, la ciudad perderá su graciosa originalidad. Pero, en 1829, estando expéditos los márgenes de la carretera, el jefe de posta, hombre alto y gordo, de unos sesenta años de edad, sentado en el punto culminante de aquel puente, podía, cuando el día era claro, abarcar perfectamente aquello que en términos de su oficio recibe el nombre de cinta de cola.

El mes de septiembre desplegaba sus tesoros, la atmósfera llameaba por encima de las hierbas y de los guijarros, ninguna nube alteraba el azul del éter, cuya pureza, viva por doquier, e incluso en el horizonte, indicaba el excesivo enrarecimiento del aire. Así, Minoret-Levrault que tal era el nombre del jefe de posta veíase obligado a formar con la mano una pantalla para no quedar deslumbrado.


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Publicado el 1 de abril de 2017 por Edu Robsy. Visto 2 veces. 278 páginas.

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